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Acerca de la historia: La Bruja del Bosque Pluvial de El Yunque es un Legend de puerto-rico ambientado en el Contemporary. Este relato Descriptive explora temas de Nature y es adecuado para Young. Ofrece Entertaining perspectivas. Ella entró en El Yunque en busca de respuestas—salió como algo más.
Comienza con un susurro.
Los ancianos dicen que si escuchas atentamente en el corazón del *Bosque Nacional El Yunque*, puedes oír su nombre llevado por el viento. No cualquier nombre, sino el nombre de aquella que ella busca.
Algunos dicen que es un fantasma, un espectro ligado a la selva, rondando eternamente a quienes se atreven a invadir su sagrado reino. Otros juran que es una protectora, una guardiana de la tierra que castiga a quienes dañan el bosque. Los pocos que afirman haberla visto hablan de ojos verde esmeralda que brillan en la oscuridad, de una presencia que dobla los árboles y comanda las tormentas.
La llaman La Bruja de El Yunque.
La mayoría desestima la leyenda como nada más que un viejo cuento popular, una historia para evitar que los niños se adentren demasiado en la selva. Pero aquellos que escuchan con atención, aquellos que prestan atención a la forma en que se mueve la jungla, saben mejor.
Elena Vásquez nunca creyó en esas historias. Hasta el día en que escuchó su nombre susurrado por el viento. Elena había crecido al borde de El Yunque, donde la selva se encontraba con el pequeño pueblo de Río Grande. De niña, pasaba sus días escalando rocas cubiertas de musgo, vadear corrientes cristalinas y recoger las historias que su abuela le contaba a la luz de las velas. Pero eso fue hace años. Ahora, con veintiséis años, había regresado del continente, con el corazón pesado por algo que no podía nombrar. La vida en la ciudad nunca se había sentido bien. Extrañaba el aroma de la tierra mojada por la lluvia, el canto de las ranas coquí al anochecer, la forma en que la niebla se enroscaba alrededor de los árboles como susurros de otro mundo. También extrañaba a su abuela. Doña Carmen había fallecido el año anterior, dejando tras de sí una casa llena de recuerdos y una única joya: un colgante con una piedra de esmeralda. *"Llévalo siempre, mi niña,"* le había dicho su abuela, presionándolo en la palma de la mano de Elena. *"Te protegerá."* Elena nunca se lo quitó. La mañana en que decidió adentrarse en la selva, el aire estaba cargado de humedad. El aroma de las hojas húmedas se adhería a su piel mientras ajustaba las correas de su mochila. Empacó ligero—solo una botella de agua, un machete, su cuaderno y una linterna. Y entonces, justo cuando estaba a punto de adentrarse entre los árboles, lo oyó. Una voz. Débil. Casi como el viento. *"Elenaaaa…"* Se congeló. El sonido se repitió, un susurro deslizándose entre las hojas. Se giró bruscamente, escudriñando los árboles. No había nadie. Solo era el viento. Tenía que serlo. Tomando un respiro para calmarse, se adentró en la jungla. El Yunque estaba vivo de una manera que pocos lugares lo estaban. La selva palpitaba con una energía invisible, su densa copa atrapando el calor, el aroma de orquídeas silvestres flotando en el aire. Elena avanzaba con cuidado, siguiendo un sendero antiguo, apenas visible, que serpenteaba más profundamente en el bosque. Las historias siempre decían que *La Bruja* aparecía solo a aquellos que ella elegía. Pero, ¿por qué la elegiría a Elena? Pasaron las horas. Cuanto más profunda se adentraba Elena, más sentía que la observaban. No de la manera en que uno siente cuando pasa a un extraño en la calle, sino algo más profundo. Una presencia ancestral presionando contra su piel, ojos invisibles rastreando cada uno de sus pasos. Entonces lo vio. Una marca en el tronco de un ceibo. No era solo un grabado al azar. Era un *símbolo*. Espirales intrincadas entrelazadas, formando una figura que parecía cambiar cuando la miraba fijamente por demasiado tiempo. Cuando lo tocó, el bosque contuvo la respiración. Y entonces comenzaron los susurros. *"No deberías estar aquí."* La respiración de Elena se detuvo. Eso no era el viento. *"¿Quién está ahí?"* llamó. Ninguna respuesta. Una sombra se movió entre los árboles. Se giró, con el corazón latiendo a toda velocidad, pero no había nada. Y entonces—justo más allá del claro—una luz. Un tenue resplandor verdoso-azulado flotando sobre el suelo. A pesar de cada instinto que le gritaba que regresara, dio un paso adelante. La luz parpadeó mientras se acercaba, guiándola a través de la espesa vegetación, pasando enredaderas y raíces retorcidas, hasta que llegó a un charco a la base de una cascada. El agua brillaba bajo la luz tenue, un resplandor antinatural danzando sobre su superficie. Y de pie en el borde estaba una mujer. Era diferente a cualquier persona que Elena hubiera visto. Su vestido, de un verde profundo como la misma selva, se adhería a su figura, fluyendo como seda líquida. Largos cabellos negros caían por su espalda, con mechas plateadas. Y sus ojos—imposiblemente verdes, más brillantes que el colgante alrededor del cuello de Elena—brillaban con la luz tenue. Elena tragó saliva. *"Buscas respuestas."* La voz de la mujer era como el viento entre los árboles—suave pero autoritaria, antigua pero viva. Elena encontró su voz. "¿Eres… *ella*?" La mujer sonrió, pero no fue una sonrisa cálida. Era una sonrisa de conocimiento. *"He tenido muchos nombres. Algunos me llaman bruja. Otros, protectora. ¿Cómo me llamas tú?"* Elena dudó. "No lo sé todavía." La mujer inclinó la cabeza. *"Bien. Eso significa que estás escuchando."* El trueno retumbaba en la distancia, bajo y profundo, una advertencia desde el cielo. *"La jungla está muriendo,"* dijo la mujer. *"Los humanos han olvidado su voz. Toman lo que no les pertenece. Envenenan sus ríos. No escuchan."* Elena sintió un dolor en el pecho. Ella misma lo había visto—deforestación ilegal, basura dejada por excursionistas descuidados, la lenta destrucción de la tierra que amaba. *"El Yunque necesita una guardiana,"* continuó la mujer. *"Alguien que escuche sus lamentos. Que la proteja cuando otros no lo harán."* Elena negó con la cabeza. "No entiendo. ¿Por qué yo?" La mirada de la mujer se deslizó hacia el colgante alrededor del cuello de Elena. *"Porque ya estás elegida."* La piedra de esmeralda brilló. El pulso de Elena se aceleró. *"Quédate,"* dijo la mujer. *"Y nunca serás la misma. Vete, y todo esto se desvanecerá de tu memoria. La elección es tuya."* Elena miró a su alrededor—los imponentes árboles de ceibo, la niebla enroscándose alrededor del agua, la presencia de algo ancestral, algo más grande que ella. Y entonces miró a la mujer. Su destino estaba sellado el momento en que se adentró en la selva. Tomó un respiro. Y dio un paso adelante. Nadie volvió a ver a Elena Vásquez. Pero la leyenda de *La Bruja de El Yunque* no murió. Algunos dicen que aún recorre la selva tropical, su figura vislumbrada a través de la niebla, sus susurros llevados por el viento. Otros dicen que se convirtió en más que una mujer—que su alma se entrelazó con las raíces de los árboles, las corrientes de los ríos, el aliento de las tormentas. Y si alguna vez te encuentras en las profundidades de El Yunque, escucha con atención. Puede que simplemente escuches su nombre.La Llamada del Bosque
Un Camino que No Debe Ser Encontrado
La Mujer en el Agua
La Elección que No Puede Ser Deshecha
Epílogo: La Nueva Guardiana