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Acerca de la historia: La Torre Maldita de El Morro es un Legend de puerto-rico ambientado en el Renaissance. Este relato Dramatic explora temas de Romance y es adecuado para Adults. Ofrece Historical perspectivas. Una torre perdida, un amor maldito y un historiador atrapado entre el pasado y el presente.
Los antiguos muros de piedra del Castillo San Felipe del Morro han resistido durante más de cuatro siglos, siendo testigos mudos de las conquistas españolas, invasiones de piratas y batallas que forjaron el destino de Puerto Rico. Pero entre las muchas leyendas de la fortaleza, una historia permanece enterrada bajo capas de miedo y secreto.
Se dice que una torre de vigilancia en particular, ahora oculta detrás de gruesos muros y pasajes olvidados, fue sellada hace siglos después de una tragedia indecible. Los susurros del pasado aún resuenan dentro de sus confines, atrapados entre la piedra y el tiempo.
Lucas Rivera, un historiador especializado en arquitectura colonial española, nunca dio mucha importancia a las historias de fantasmas. Creía en los hechos, los registros y los artefactos, no en la superstición. Pero cuando un antiguo manuscrito del siglo XVII insinuó la existencia de una torre perdida dentro de El Morro, no pudo resistir el llamado de la historia.
Lo que él no sabía era que la historia lo estaba esperando.
Y tenía asuntos pendientes.
Lucas ajustó su bolso de lona mientras subía los desgastados escalones de piedra que conducían al corazón de El Morro. El aire estaba cargado con el olor a sal y piedra húmeda, restos de siglos dedicados a vigilar la costa. Había pasado las últimas dos semanas revisando los archivos históricos en la Universidad de Puerto Rico, buscando menciones de una torre sellada. Al principio, no encontró nada. Pero luego, en un polvoriento registro manuscrito de 1673, descubrió un detalle intrigante: > *"La última torre de vigilancia, sellada para contener su ira. Que ningún hombre perturbe su silencio."* Ese pasaje críptico lo llevó hasta aquí. Al entrar en la fortaleza, vio a Don Mateo, un guía turístico anciano, sentado en un banco cerca del patio principal. Sus manos arrugadas sostenían un bastón de madera, su rostro oscurecido por el sol era inescrutable. “Señor Rivera,” saludó Mateo en un español con fuerte acento, su voz lenta y deliberada. “Usted busca la Torre Maldita.” Lucas dudó. “Estoy investigando una sección oculta de la fortaleza—una vieja torre de vigilancia, posiblemente sellada en el siglo XVII. ¿Sabes algo al respecto?” El agarre de Mateo en su bastón se endureció. “Debería haber sido olvidada.” Su mirada se dirigió hacia el extremo más alejado de la fortaleza, donde las piedras más antiguas permanecían intactas por las restauraciones modernas. Lucas persistió. “¿Por qué fue sellada?” Mateo exhaló lentamente, como si decidiera cuánto revelar. “Un soldado y una mujer. Una traición. Y una maldición que aún persiste.” Lucas frunció el ceño. “Eso suena a algo sacado de una historia de fantasmas.” Los ojos del anciano se oscurecieron. “Quizás. Pero las historias tienen una forma de aferrarse a lugares como este.” Señaló con un dedo nudoso hacia una puerta de hierro oxidada, parcialmente oculta bajo un denso crecimiento vegetal. “Si vas buscando, puede que no te guste lo que encuentres.” Lucas le dio las gracias y se dirigió hacia la puerta. Las barras de hierro estaban deformadas por el óxido, pero para su sorpresa, el candado había sido roto. Alguien más había estado aquí. Recientemente. Lucas dudó en el umbral antes de adentrarse en la oscuridad más allá. El pasaje era estrecho y húmedo, el aire cargado con el aroma a musgo y descomposición. Barrió las paredes de piedra con su linterna, revelando grabados desvanecidos—símbolos desconocidos que no coincidían con las marcas tradicionales españolas o taínas. Al final del corredor, encontró una pequeña cámara circular. Una escalera de piedra se elevaba en espiral, conduciendo hacia lo que una vez fue la cima de la torre de vigilancia. Entonces lo escuchó. Un susurro. "Lucas…" El sonido rozó su oído, tan suave que podría haber sido el viento. Pero no había viento aquí abajo. Su pulso se aceleró mientras avanzaba más en la cámara. Al pie de las escaleras, algo llamó su atención—un diario encuadernado en cuero, medio enterrado bajo escombros. Sus dedos temblaban mientras quitaba el polvo, revelando un nombre garabateado en la cubierta. Lucas folheó las páginas quebradizas, repasando entradas que relataban un romance prohibido entre Castillo y una mujer llamada Isabela Montoya—una curandera acusada de brujería. La Inquisición la había tachado de bruja y condenado a muerte por ahorcamiento. Pero antes de morir, ella maldijo la torre. *"No me iré. Mi alma está ligada a estas piedras. Quienes entren conocerán mi ira."* Una ráfaga de aire frío recorrió la cámara. Y entonces Lucas la vio. Ella estaba en la cima de la escalera, su figura apenas visible en la tenue luz. Su largo cabello negro caía sobre prendas blancas desgastadas, y sus ojos ardían con un resplandor frío y espectral. "Vete," susurró. "Antes de que sea demasiado tarde." La respiración de Lucas se detuvo en su garganta. Había leído sobre apariciones antes, pero esto—esto era algo más. "¿Eres… Isabela Montoya?" Su voz apenas superaba un susurro. Su expresión se oscureció. “Soy lo que queda.” De repente, la habitación cambió. El aire se volvió denso, y las paredes se desvanecieron hacia otro tiempo. Lucas parpadeó—y se encontró de pie en el pasado. Ya no estaba en la torre abandonada, sino en una celda de prisión del siglo XVII. Vio a Hernando Castillo, su rostro retorcido por la angustia mientras soldados arrastraban a Isabela. *"Si les dejas llevarme,"* había susurrado ella, *"sufrirás más allá de la muerte. Y este lugar nunca conocerá la paz."* Lucas jadeó mientras la visión se desvanecía, y él volvía al presente. La puerta de la torre se cerró de golpe por sí sola. Lucas golpeó la pesada puerta de madera, pero no se movió. Una voz resonó en la cámara—la voz de Hernando Castillo. *"Intenté salvarla. Intenté... pero el miedo me detuvo."* Lucas se giró, con el corazón latiendo a mil por hora. Una figura con armadura desgastada estaba frente a él—el fantasma de Hernando Castillo. "Ella no me dejará ir," murmuró el espectro. "Ella no dejará que nadie se vaya." Las paredes temblaron. La maldición estaba despertando. Lucas recordó algo—una laguna en el diario de Castillo. *"Solo el amor puede romper esta maldición. Pero el amor, una vez traicionado, no perdona fácilmente."* Se volvió hacia el fantasma de Isabela. "Tu amor aún persiste," susurró. "Pero también tu dolor." Sus ojos etéreos se clavaron en él. “¿Habrías hecho algo distinto?” Lucas tragó saliva. “Sí.” La cámara se sacudió violentamente. Entonces, con un estruendoso golpe, la puerta se abrió de par en par. Lucas tambaleó hacia la luz del día, jadeando. Horas más tarde, cuando los guardias lo encontraron, no tenía explicación de cómo había sobrevivido. Desde ese día, El Morro cambió. Los susurros, las sombras, los puntos fríos—todos desaparecieron. Pero en algunas noches, cuando el viento aullaba a través de la fortaleza, aún se podía escuchar una suave y melancólica voz. *"Hernando…"* Y Lucas supo—algunos fantasmas nunca descansan realmente.La Torre Olvidada
Sombras del Pasado
Capitán Hernando Castillo
El Fantasma de Isabela
La Maldición Despierta
El Secreto de la Torre
Fin