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Acerca de la historia: Los Guardianes del Río Sangre es un Legend de south-africa ambientado en el 19th Century. Este relato Dramatic explora temas de Courage y es adecuado para Adults. Ofrece Historical perspectivas. Descubrir la historia era su misión.
El Río de la Sangre, su nombre impregnado tanto de leyenda como de historia, había sido durante mucho tiempo un lugar de susurros y advertencias. Sus aguas, teñidas de rojo después de cada fuerte lluvia, se decía que albergaban los recuerdos de los guerreros que habían perecido en la infame batalla de 1838. Para los lugareños, el río era más que un hito histórico: era un ser viviente, una fuerza inquieta que no olvidaba.
La Dra. Helena Kruger nunca había sido de las que creen en historias de fantasmas. Arqueóloga experimentada con una reputación por desenterrar los secretos del pasado de Sudáfrica, prosperaba con lo tangible, lo real. Pero mientras se encontraba en la orilla del río, observando las coordenadas que su mentor, el Profesor Themba Zulu, le había dado, una extraña inquietud se apoderó de ella.
No estaba sola. Su asistente, Liam van Rooyen, un historiador escéptico con ojo para el detalle, se encontraba a su lado, tocando impacientemente su GPS. Su guía local, Nomusa Dlamini, mantenía una distancia cautelosa, sus ojos oscuros escaneando el río como si esperara que algo surgiera de sus profundidades.
—¿Estás segura de que este es el lugar? —preguntó Liam, frunciendo el ceño al mirar el mapa.
Helena asintió.
—Esto es. Si los registros son correctos, la cámara debería estar debajo de nosotros.
Nomusa exhaló con fuerza.
—Mi padre me advirtió sobre este lugar —murmuró—. Los ancianos dicen que al río no le gusta que lo molesten.
Liam se rió.
—Los ríos no tienen sentimientos, Nomusa. Pero sí ocultan historia.
Nomusa no respondió. En cambio, se arrodilló y pasó los dedos por la tierra húmeda.
—Eso no significa que el pasado no luchará de vuelta.
Helena suspiró, ajustándose la mochila. Ya fueran fantasmas o no, tenía trabajo por hacer.
Simplemente no se dio cuenta de cuánto el río los había estado esperando.
El sol de la mañana hacía poco por calentar el frío en el aire mientras comenzaban su búsqueda. Trabajaban metódicamente, utilizando un radar de penetración terrestre para escanear bajo la superficie. Pasaron horas y, justo cuando Liam estaba a punto de sugerir tomar un descanso para almorzar, la máquina pitó. Habían encontrado algo. La emoción se encendió en Helena mientras cavaban, cuidando de no perturbar lo quequiera que yacía debajo. Pronto, sus esfuerzos revelaron una puerta de piedra, medio enterrada en la orilla del río. Los grabados, aunque desgastados, eran inconfundibles: guerreros zulúes y colonos holandeses, congelados en la batalla. Pero había algo más, algo que no pertenecía a ningún libro de historia. En la parte inferior del grabado, escondidas bajo capas de sedimento, había figuras con ojos brillantes, ni zulúes ni voortrekker. Helena trazó los contornos con una mano temblorosa. —Esto no es solo un sitio de entierro —susurró—. Es algo más. Liam frunció el ceño. —¿Algo más como qué? Nomusa tragó saliva. —Como una advertencia. Despejar la entrada tomó el resto del día. Al anochecer, habían expuesto lo suficiente para entrar. El túnel era estrecho y frío, sus paredes estaban forradas con pictografías que contaban la historia de la batalla. Pero cuanto más avanzaban, más cambiaban las representaciones. En lugar de un vencedor, los murales mostraban guerreros, tanto zulúes como voortrekkers, siendo arrastrados al río por figuras sombrías. Sus ojos brillaban, sus extremidades se retorcían. No eran humanos. —Los Guardianes —murmuró Nomusa, apenas audible—. Espíritus del río. Mi gente dice que alguna vez fueron guerreros, pero fueron maldecidos para proteger la sangre en el agua. Liam negó con la cabeza. —Supersticiones. Pero mientras su voz resonaba por el túnel, una baja voz susurrante respondió. Helena se tensó. —¿Escuchaste eso? Liam asintió lentamente. —¿El viento? —No hay viento aquí abajo —susurró Nomusa. El susurro creció, convirtiéndose en un coro de voces, urgentes y hambrientas. Las paredes temblaron, cayendo polvo del techo. Y entonces—un rugido ensordecedor. El suelo bajo ellos colapsó. Cayeron en la oscuridad. Helena golpeó el suelo con fuerza, el impacto le hizo perder el aliento. Arriba, el túnel se había sellado, dejándolos atrapados en una caverna subterránea. Liam gimió, rodando hacia un lado. —Dime que no acabamos de ser enterrados vivos. —No nos enterraron —dijo Nomusa, su voz temblando—. Nos jalaron. La linterna de Helena parpadeó mientras escaneaba la cámara. Era antinatural, las paredes eran lisas y pulidas, forradas con símbolos que no reconocía. En el centro se erigía un enorme altar de piedra, manchado de algo que parecía demasiado sangre. Y frente a él había una figura. Era alta, su cuerpo envuelto en armadura de batalla raída. Sus ojos ardían como fuego. El Guardián. La boca de Helena se secó. —Nadie ha estado aquí durante siglos. El Guardián se movió. Helena dio un paso atrás. —No queremos hacer daño. El aire zumbaba, denso con energía invisible. El Guardián levantó una lanza, su voz baja y antigua. _"La sangre llama a la sangre. Has despertado la deuda."_ Liam dio un paso lento hacia adelante. —¿Deuda? ¿Qué deuda? La mirada del Guardián se posó en él y, de repente, Liam ya no estaba de pie en la caverna. Estaba en un campo de batalla. La batalla rugía a su alrededor, los gritos de hombres moribundos llenaban sus oídos. El cielo era rojo, el río aún más rojo. Él estaba allí—la Batalla del Río de la Sangre, 16 de diciembre de 1838. Guerreros zulúes avanzaban, sus lanzas chocando con los rifles de los voortrekkers. La sangre empapaba la tierra. Y entonces, desde el río, llegaron. Los Guardianes. Se levantaron del agua, sus cuerpos cambiando entre humano y sombra, sus ojos ardían con furia ancestral. Arrastraban a los guerreros a las profundidades, tanto voortrekkers como zulúes, hasta que los gritos se desvanecieron y el río quedó silencioso. Liam jadeó, volviendo al presente. Cayó de rodillas, temblando. —La batalla… no fue solo entre los zulúes y los voortrekkers. El río—los tomó a todos. Helena se volvió hacia el Guardián. —¿Por qué aún están aquí? _"Para evitar que la sangre resurgiera. Pero ustedes han perturbado el río."_ La caverna retumbó. Helena entendió. El pasado había estado esperando. Y se estaba despertando. El agua alrededor del altar comenzó a hervir. Nomusa agarró el brazo de Helena. —Necesitamos terminar esto. El Guardián dio un paso adelante, colocando un antiguo puñal en las manos de Helena. Su hoja pulsaba, cálida contra su piel. _"El río recuerda. Solo la sangre puede romper el ciclo."_ Helena dudó. Si fallaba, el río nunca descansaría. Levantó el puñal. El aire se rompió. La luz explotó a través de la caverna, cegadora y cruda. Cuando Helena abrió los ojos, estaban de vuelta en la orilla del río. La caverna había desaparecido. Los susurros estaban en silencio. Y por primera vez en siglos—el río corría claro. Nomusa se arrodilló junto al agua, murmurando una suave oración. Liam exhaló con dificultad. Helena se giró, pero el Guardián había desaparecido. O tal vez, finalmente, había encontrado la paz. Mientras empaquetaban su equipo, Liam empujó suavemente a Helena. —Entonces… ¿los fantasmas son reales? Helena miró el río. —La historia es real. Nomusa sonrió suavemente. —Y la historia siempre recuerda. Mientras se alejaban en el coche, el viento susurraba entre los árboles. Y en algún lugar bajo el río, los Guardianes observaban.La Puerta Bajo el Río
La Cámara de los Susurros
Bajo el Río
La Memoria del Río
La Elección del Río
Epílogo: La Historia Nunca Olvida
FIN.