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Sé amable.
A young girl, Talia, sits thoughtfully in her classroom, looking out at a rainy day, contemplating the meaning of kindness as she reflects on a friend’s moment of embarrassment. The warm light in the room contrasts with the gray skies outside, setting a hopeful and gentle mood.

Acerca de la historia: Sé amable. es un Realistic Fiction de united-states ambientado en el Contemporary. Este relato Simple explora temas de Friendship y es adecuado para Children. Ofrece Moral perspectivas. **Una historia sobre el efecto dominó de la bondad y cómo pequeñas acciones pueden hacer una gran diferencia.** En un pequeño pueblo, donde todos se conocían, vivía una joven llamada Clara. Ella siempre había creído en el poder de las pequeñas acciones. Cada mañana, antes de ir al trabajo, solía detenerse en la panadería para comprar un par de croissants. Un día, mientras pagaba, notó que la mujer detrás de ella parecía triste.

En un pequeño salón de clases iluminado por el sol, una niña llamada Talia se sentaba junto a la ventana, con la barbilla apoyada en su mano. Observaba el cielo lluvioso, sintiendo el peso de algo en su corazón. No era tristeza ni enojo, sino algo intermedio: una sensación inquieta. Talia recordaba el incidente que había ocurrido solo unos momentos antes, durante la clase de arte, y cómo las risas de todos habían llenado la habitación de una manera que le parecían agudas y punzantes. No podía sacarlo de su mente.

Hoy era el día en que Tanisha había derramado jugo de uva en su nuevo vestido rosa claro. La mancha floreció en la tela como una pequeña flor oscura, y las mejillas de Tanisha se sonrojaron de vergüenza mientras estallaban las risas a su alrededor. Talia había observado, sintiendo una punzada de simpatía, deseando acercarse pero dudando, sin estar segura de qué decir o hacer. Se preguntaba, *¿Qué significa realmente ser amable?*

Mientras Talia reflexionaba sobre esta pregunta, pensó en todos los pequeños actos de bondad que había presenciado o de los que había sido parte. Recordaba a su mamá trayéndole sopa a un vecino anciano cuando estaba enfermo y a su papá ofreciéndole un aventón a un amigo que había perdido el autobús. Estos actos parecían tan pequeños pero se sentían tan grandes. ¿Pero serían suficientes para que Tanisha se sintiera mejor? Talia se sintió decidida a averiguarlo.

El Acto de una Sonrisa

Al día siguiente, Talia llegó a la escuela con una misión. Había decidido que haría sonreír a Tanisha, sin importar qué. La vio a Tanisha sentada sola bajo un árbol en el recreo, apretando fuertemente su lonchera, con la mirada baja.

"¡Hola, Tanisha!" la saludó Talia con entusiasmo, sentándose a su lado. Tanisha levantó la vista, su rostro aún empañado por la vergüenza de ayer. "¿Quieres cambiar refrigerios? Tengo galletas de mantequilla de maní." Ella las extendió, sonriendo.

Tanisha dudó pero finalmente le devolvió una sonrisa, una sonrisa pequeña y vacilante. "Claro," respondió, tomando una galleta.

Talia sintió un cálido resplandor en su pecho mientras compartían el refrigerio en un silencio cómodo. No era mucho, pero era un comienzo. Y tal vez, solo tal vez, este pequeño acto de bondad se propagaría, haciendo que Tanisha se sintiera un poco más cómoda. Talia no sabía que su pequeño gesto ya había plantado una semilla que crecería mucho más allá del patio de la escuela.

Talia y Tanisha comparten galletas saladas bajo un árbol durante el recreo.
Talia y Tanisha se sientan juntas bajo un árbol, compartiendo un momento tranquilo de amistad durante el recreo.

Más Que Palabras

Más tarde esa semana, Talia comenzó a pensar en otras formas en las que podría ser amable. Se dio cuenta de que la bondad no siempre se trataba de grandes gestos o palabras impresionantes. A veces, solo se trataba de estar presente para alguien que necesitaba un amigo.

Una tarde lluviosa, mientras hacían fila para la clase de gimnasia, Talia notó a otro compañero de clase, Marco, luchando con sus zapatos de gimnasia. Sus dedos se enredaban con los cordones, y la frustración era evidente en su ceño fruncido. Los otros niños pasaron apresuradamente, ansiosos por llegar al gimnasio y jugar a la pelota de goma, pero Talia se detuvo.

"¿Quieres ayuda, Marco?" preguntó suavemente.

Marco la miró, sorprendido, pero luego asintió agradecido. "Gracias," murmuró, apartándose para que ella pudiera alcanzar los cordones.

Mientras le ayudaba a atar sus zapatos, Talia podía sentir a algunos niños observando. Los ignoró y se concentró en los cordones, asegurándose de que estuvieran bien hechos.

"Ya está," dijo, dándole una sonrisa reconfortante.

Marco sonrió, y Talia volvió a sentir ese cálido resplandor. No había necesitado decir mucho; a veces, las acciones realmente hablaban más que las palabras. Se preguntaba si Marco recordaría este momento y se sentiría inspirado para ayudar a alguien más algún día.

Una Cadena de Bondad

Al día siguiente, Talia notó que Marco, de hecho, estaba repartiendo bondad a su paso. Lo vio sostener la puerta abierta para otro compañero y compartir su almuerzo con un nuevo estudiante que había olvidado el suyo. Talia sintió un orgullo creciente. ¿Podría ser que su pequeño acto de bondad hubiera despertado algo en él?

Durante la semana, Talia seguía buscando pequeñas maneras de ser amable. Compartió sus materiales de arte con alguien que había olvidado los suyos, elogió el dibujo de una compañera tímida y se ofreció a limpiar el aula después de un proyecto de arte. Cada acto la hacía sentir como si estuviera añadiendo un poco de calidez a su escuela, como parches en una colcha que poco a poco cubría toda el aula.

Talia ayuda a Marco a atarse los zapatos en el pasillo de la escuela.
En un pasillo concurrido, Talia se arrodilla para ayudar a Marco a atarse los zapatos, demostrando el poder de pequeños gestos de amabilidad.

El Arte de Escuchar

Un día, durante el tiempo de lectura libre, Talia notó a un compañero llamado Sam sentado solo, mirando la portada de su libro en lugar de leerlo. Sam era a menudo callado y no participaba en los juegos que los otros niños jugaban. Curiosa, Talia se deslizaba en el asiento junto a él.

"¿Te gusta ese libro?" le preguntó suavemente.

Sam la miró, con sorpresa reflejada en sus ojos. "No lo sé," dijo lentamente. "A veces es difícil concentrarse."

Talia asintió, escuchando sin interrumpir. No necesitaba arreglar nada ni hacer sugerencias; solo necesitaba estar allí, para hacerlo sentir visto y escuchado.

Mientras Sam continuaba compartiendo fragmentos de sus pensamientos, su voz se volvió más fuerte y más confiada. Cuando sonó la campana, sonrió y le agradeció por escuchar. Talia se alejó con el corazón ligero, dándose cuenta de que a veces la bondad era tan simple como ser un buen oyente.

La Bondad Está en Todas Partes

Talia comenzó a notar actos de bondad en todas partes donde iba. El maestro prestando un lápiz extra, un estudiante ayudando a otro con matemáticas, su mamá dejando una nota en su lonchera que decía: "Estoy orgullosa de ti." Estos actos eran silenciosos, a menudo pasados por alto, pero poderosos.

Decidió mantener un diario de bondad, anotando todos los actos de bondad que veía o experimentaba. Algunas páginas estaban llenas con los nombres de personas a las que quería agradecer, mientras que otras contenían recuerdos de momentos que la hacían sentir feliz o cuidada. Talia comenzó a comprender que la bondad no se trataba solo de una gran acción. Se trataba de muchas pequeñas acciones, que se sumaban para crear un mundo mejor.

Talia escucha a Sam durante el tiempo de lectura en silencio en el aula.
Talia escucha atentamente a Sam durante el tiempo de lectura libre, brindándole comprensión y amistad a través de su presencia.

Una Nueva Perspectiva

Un día, la maestra de Talia anunció un proyecto de clase sobre la bondad. Iban a crear un "Árbol de la Bondad" en la pared, donde cada estudiante podría añadir una hoja describiendo un acto amable que habían hecho o recibido. Talia estaba emocionada. ¡Tenía tantas ideas para compartir!

Escribió sobre cómo ayudó a Marco con sus zapatos, cómo escuchó a Sam y sus momentos con Tanisha. Cada hoja que añadía la hacía sentir que estaba contribuyendo a algo mucho más grande que ella misma. Y al ver a sus compañeros añadir sus hojas, se dio cuenta de que la bondad era un regalo que todos tenían el poder de dar.

Cuando el Árbol de la Bondad estuvo lleno, era una hermosa exhibición de colores y palabras. Cada hoja contaba una historia, y juntas crearon un dosel de bondad que todos podían disfrutar.

Una Escuela Más Brillante

Al final del año escolar, Talia notó que su salón de clases se había transformado. Los niños eran más amables, más dispuestos a ayudarse mutuamente y menos rápidos para juzgar o reírse de los errores de los demás. Tanisha, Marco y Sam habían cambiado a su manera, y ella también.

Talia se sentía orgullosa de la persona en la que se estaba convirtiendo. Sabía que la bondad no solo se trataba de hacer que otros se sintieran mejor; también se trataba de hacer crecer su propio corazón, de sentir una profunda conexión con el mundo que la rodea.

Conclusión: El Efecto Dominó

El viaje de Talia no terminó cuando el año escolar concluyó. Llevó las lecciones que había aprendido consigo durante el verano y más allá. Continuó buscando formas de ser amable, dándose cuenta de que sus acciones, por pequeñas que fueran, podían crear ondas que se extendían de maneras que no siempre podía ver.

Talia coloca una hoja de papel en el Árbol de la Amabilidad en la pared del aula.
Talia y sus compañeros decoran el Árbol de la Amabilidad con hojas coloridas, cada una representando un momento compartido de bondad.

Al final, Talia entendió que la bondad no era solo un acto único o una sola palabra. Era una forma de vivir, una elección que podía hacer cada día. Y mientras continuara tomando esa decisión, sabía que estaba haciendo del mundo un lugar más brillante y mejor.

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