Tiempo de lectura: 7 min

Acerca de la historia: Alcanzando las Estrellas es un Fantasy de united-kingdom ambientado en el Contemporary. Este relato Poetic explora temas de Perseverance y es adecuado para Children. Ofrece Inspirational perspectivas. Un viaje mágico para alcanzar una estrella que conduce a descubrimientos inesperados.
Cada noche, Leo se sentaba junto a su ventana y miraba el cielo estrellado, preguntándose cómo sería tener una estrella propia. Para él, las estrellas no eran solo puntos distantes en el cielo oscuro, sino amigos esperando ser descubiertos. Soñaba con encontrar una manera de atrapar una, imaginando todas las cosas maravillosas que podría hacer con su propia estrella. Y así, una linda tarde, Leo decidió intentarlo.
Leo se despertó muy temprano, justo cuando los primeros rayos del amanecer rozaban el cielo, cambiándolo de un azul profundo a suaves tonos de púrpura y rosa. Hoy era el día en que atraparía una estrella.
Primero, miró alrededor de su habitación, buscando herramientas que pudieran ayudar en su misión. Encontró su confiable red para mariposas, que le pareció un buen comienzo, y una vieja caña de pescar que su papá usaba en sus viajes de campamento de verano. Leo pensó que podría ser lo suficientemente larga para alcanzar hacia arriba… bueno, casi tan alto como las estrellas, esperaba.
Después de reunir sus herramientas, Leo empacó cuidadosamente una mochila con sus bocadillos favoritos, una linterna y su roca de la suerte, que estaba seguro le traería suerte adicional para atrapar estrellas. Luego, salió, lleno de emoción y asombro, con los ojos brillando tan intensamente como las estrellas que esperaba atrapara.

El primer lugar al que Leo intentó fue la colina justo detrás de su casa. Era el punto más alto del vecindario y pensó que desde allí podría acercarse más a las estrellas. Al llegar a la cima de la colina, agitó su red hacia el cielo, saltando arriba y abajo con todas sus fuerzas. Pero no importaba cuán alto saltara, las estrellas permanecían lejos de su alcance, riendo suavemente con su brillo titilante.
Decidido a no rendirse, Leo decidió dirigirse al parque del pueblo, donde un viejo roble se erguía alto y orgulloso, con sus ramas extendiéndose hacia el cielo como mil dedos que alcanzaban las estrellas. Leo trepó lo más alto que pudo, sintiendo la brisa fresca acariciar sus mejillas mientras extendía su brazo con la caña de pescar, esperando atrapar una estrella desde los cielos. Pero por más cerca que se sentía de las estrellas, seguían estando fuera de su alcance.
Leo suspiró, sentándose en una rama gruesa y mirando hacia arriba, con las piernas colgando. Se preguntó si tal vez las estrellas solo estaban destinadas a ser admiradas desde lejos. Pero apenas pasó ese pensamiento por su mente cuando escuchó un suave susurro de las hojas debajo de él.
De las sombras apareció una ardilla amigable, con los ojos brillantes y curiosos, como si hubiera sentido el anhelo de Leo. "¡Hola!" dijo Leo, extendiendo la mano. "Estoy tratando de atrapar una estrella. ¿Sabes cómo puedo alcanzarlas?"
La ardilla inclinó la cabeza pensativa y trepó por algunas ramas, llegando a una de las ramas más altas. Apuntó con su patita hacia el cielo y luego chilló como si dijera: "¿Quizás intenta un poco más alto?"
Leo observó cómo la ardilla desaparecía entre las ramas, llenándolo de una renovada determinación. Si el árbol no era suficiente, pensó, tal vez necesitaba intentar algo más—algo un poco más audaz.
Bajó del árbol y se dirigió al mar, donde pensó que el vasto espacio abierto podría darle una mejor oportunidad de atrapar una estrella. Allí, las estrellas siempre parecían acercarse más al agua, brillando justo sobre el horizonte. Mientras caminaba por la playa, con la arena fresca aplastándose bajo sus dedos, escaneó el cielo en busca de la estrella más brillante que pudo encontrar.
Leo notó un pequeño bote balanceándose suavemente cerca de la orilla, y una idea surgió en su mente. Saltó al bote, agarró un remo largo y remó hacia el mar. Tal vez, solo tal vez, podría acercarse lo suficiente aquí.

Las olas mecían el bote suavemente, y mientras Leo se alejaba más de la orilla, se sentía más cerca de las estrellas que nunca. La luz de la luna brillaba sobre el agua, creando un rastro de plata brillante que lo guiaba, y las estrellas se reflejaban en la superficie como pequeñas luces danzantes, como si jugaran junto a su sueño.
Mientras Leo miraba hacia arriba, levantó nuevamente su caña de pescar, estirándose lo más que pudo. Las estrellas parecían brillar más intensamente, casi como si lo animaran, pero seguían estando justo fuera de su alcance.
Después de horas de intentarlo, los brazos de Leo se cansaron, y dejó que la caña de pescar descansara en el bote mientras se recostaba, mirando el cielo con una sonrisa de determinación. Las estrellas continuaban su danza silenciosa y brillante, y Leo sintió una cálida sensación de paz llenarlo. Tal vez, pensó, no se trataba solo de atrapar una estrella. Quizás la aventura era lo que más importaba.
Justo cuando estaba a punto de cerrar los ojos, Leo notó algo diferente—un resplandor inusualmente brillante moviéndose por el cielo. No era como las otras estrellas; parecía estar acercándose. Su corazón latía con emoción. ¿Podría ser esto? ¿Una estrella viniendo a encontrarlo?
A medida que el resplandor se acercaba, se dio cuenta de que no era una estrella, sino una pequeña luciérnaga brillante, revoloteando justo encima de su bote, su luz suave proyectando un resplandor cálido a su alrededor. La luciérnaga giró alrededor de la cabeza de Leo y luego se posó en su caña de pescar, iluminándola con un pequeño destello.
"Hola, pequeña," susurró Leo, sonriendo. "¿Estás aquí para hacerme compañía?"
La luz de la luciérnaga parpadeó como si respondiera, y danzó a su alrededor, creando pequeños círculos de luz en el bote. Por un momento, Leo sintió como si realmente tuviera un pedazo de las estrellas justo allí con él.
Finalmente, Leo remó de regreso a la orilla, la luciérnaga siguiéndolo hasta su casa. Al llegar a la playa, la recogió suavemente en su mano, admirando su suave resplandor. En su luz tenue, Leo sintió una tranquila satisfacción.
De vuelta en casa, Leo abrió la ventana de su habitación y soltó la luciérnaga en el cielo nocturno, viéndola unirse a las otras luces titilantes. Mientras se alejaba, parecía hacerle un guiño, una pequeña amiga que había venido a compartir su sueño, aunque solo fuera por un rato.

Leo se recostó en su cama, mirando las estrellas con una sonrisa de paz. No había atrapado una estrella de la manera que había imaginado, pero sentía que se había acercado más de lo que jamás pensó posible. Las estrellas seguían brillando sobre él, su luz silenciosa llenando su habitación con un suave resplandor. Se sentían como amigos, ya no distantes e inalcanzables, sino cercanos y reconfortantes.
Y desde esa noche en adelante, cada vez que Leo miraba al cielo, sabía que su estrella estaba allí en alguna parte, velando por él. Y eso era más que suficiente.

A la mañana siguiente, los amigos de Leo le preguntaron a dónde había ido tan temprano. Con una sonrisa misteriosa, simplemente respondió, "Fui de aventura a atrapar una estrella." Se rieron, sin entender del todo, pero a Leo no le importó. Sabía que había compartido un momento especial con las estrellas, algo que llevaría consigo para siempre.
En los días que siguieron, Leo continuó mirando las estrellas cada noche, encontrando nuevos patrones y formas en sus luces titilantes. A veces, veía la luciérnaga flotando por su ventana, como para saludarlo y recordarle su viaje compartido. Y cada vez que la veía, Leo sonreía, sintiendo que verdaderamente tenía un amigo entre las estrellas.