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El Pooka
A mystical scene introducing the legend of 'The Pooka,' set on Ireland's Hill of Horses under a moonlit sky, where man and magic intertwine.

Acerca de la historia: El Pooka es un Legend de ireland ambientado en el Medieval. Este relato Dramatic explora temas de Redemption y es adecuado para All Ages. Ofrece Moral perspectivas. Una inquietante leyenda irlandesa de magia, tratos y redención.

En el corazón de la brumosa campiña de Irlanda, existe un lugar donde el mito y la realidad se entrelazan, un lugar donde aún se pueden oír susurros del mundo antiguo: el pueblo de Kilmore. Ubicado entre colinas ondulantes y densos bosques verde esmeralda, Kilmore era una pequeña comunidad de agricultores y pastores que vivían cerca de la tierra y aún más cerca de sus historias. Entre sus leyendas más perdurables se encontraba la historia de *El Pooka*, un espíritu cambiante que, según se decía, rondaba la colina cercana conocida como *Cnoc na gCapall*—la Colina de los Caballos.

El Pooka era una criatura de doble naturaleza, tanto temida como venerada. Podía traer bendiciones o calamidades, riquezas o ruina. Apareciendo con mayor frecuencia como un yegua negro elegante con ojos resplandecientes como brasas, se decía que el Pooka vagaba por el campo bajo la protección de la oscuridad, observando, escuchando y, a veces, interviniendo en los asuntos de los mortales. Pero su ayuda, si se ofrecía, nunca venía sin consecuencias. Negociar con el Pooka era bailar con las sombras.

Esta es la historia de uno de esos acuerdos, un relato de desesperación, coraje y redención, de un joven agricultor llamado Eamon O’Connor y su encuentro fatídico con el Pooka.

Capítulo Uno: Un Pueblo al Borde

Kilmore siempre había sido un lugar tranquilo, su gente ligada a los ritmos de la tierra. Pero un año, una terrible sequía azotó la tierra, dejando los campos agrietados y baldíos. Los arroyos se secaron y el ganado se volvió flaco y enfermizo. Para cuando llegó el otoño, estaba claro que el invierno que se avecinaba sería duro.

Eamon O’Connor, un agricultor trabajador de veintiocho años, había observado impotente cómo sus cultivos se marchitaban bajo el sol implacable. Su esposa, Maeve, intentaba mantenerse optimista por el bien de sus hijos, Finn y Aisling, pero el miedo en sus ojos era inconfundible. Los almacenes de comida de la familia estaban casi vacíos, y los animales que quedaban eran demasiado débiles para vender o sacrificar.

“Lo superaremos,” dijo Maeve una tarde mientras se sentaban junto al fuego, los niños dormidos en la esquina. “Siempre lo hacemos.”

Eamon quería creerle, pero el peso de su situación era aplastante. Esa noche, mientras la luz del fuego parpadeaba en las paredes, tomó una decisión. Iría a *Cnoc na gCapall* y buscaría la ayuda del Pooka.

Los aldeanos a menudo dejaban ofrendas a los pies de la colina—cestas de avena, cuencos de leche—con la esperanza de apaciguar al espíritu. Pero nadie se atrevía a escalar la colina ni a dirigirse directamente al Pooka. Hacerlo era invitar su atención, y las consecuencias de tal encuentro eran impredecibles. Sin embargo, Eamon sentía que no tenía otra opción.

Capítulo Dos: El Ascenso

En la noche de Samhain, cuando el velo entre los mundos estaba en su punto más débil, Eamon partió hacia Cnoc na gCapall. La luna colgaba baja y llena en el cielo, arrojando un resplandor inquietante sobre el paisaje. El aire estaba frío y quieto, y una fina niebla se aferraba al suelo como un sudario fantasmal.

Armado solo con una linterna y su coraje, Eamon comenzó la escalada. El camino era empinado e irregular, y el silencio solo se rompía por el crujir de sus botas sobre la hierba cubierta de escarcha. A medida que ascendía, una extraña sensación se apoderó de él—la sensación de que lo estaban observando.

Cuando llegó a la cima, dejó la linterna y llamó a la oscuridad. “Gran espíritu de la colina,” dijo, con voz firme a pesar del miedo que le carcomía el estómago. “Soy Eamon O’Connor, un agricultor de Kilmore. Busco tu ayuda.”

Por un momento, no hubo respuesta. Luego, desde las sombras, se oyó el sonido de cascos. Lentamente, emergió una figura—a una magnífica yegua negra, su pelaje brillando como obsidiana pulida, sus ojos ardiendo con una luz de otro mundo. El Pooka había llegado.

Capítulo Tres: El Acuerdo

“¿Te atreves a invocarme?” la voz del Pooka resonó, aunque su boca no se movía. El sonido era profundo y resonante, como el repique de una campana lejana.

Eamon se arrodilló. “No tengo intención de ofender, gran espíritu,” dijo. “Pero mi familia está en necesidad. Nuestros cultivos han fracasado y no sobreviviremos el invierno sin tu ayuda.”

El Pooka lo circundó, sus movimientos fluidos y gráciles, su mirada fija. “¿Y qué ofrecerás a cambio?” preguntó. “Nada en este mundo se da gratuitamente.”

Eamon dudó. Tenía poco que ofrecer más allá de su trabajo y su lealtad. “Lo que me pidas,” dijo por fin.

Los ojos del Pooka parecían brillar más intensamente. “Muy bien,” dijo. “Tus campos prosperarán, pero recuerda esto: todos los regalos tienen un precio.”

Antes de que Eamon pudiera preguntar cuál sería el precio, el Pooka desapareció, dejando solo el leve aroma de flores silvestres a su paso.

Capítulo Cuatro: Una Cosecha Como Ninguna Otra

A la mañana siguiente, Eamon despertó y encontró sus campos transformados. La tierra antes estéril ahora era rica y oscura, repleta de doradas espigas de trigo. La vista le llenó los ojos de lágrimas. Maeve y los niños se unieron a él en los campos, sus risas resonando en el aire fresco de la mañana.

La noticia de la cosecha milagrosa se difundió rápidamente por el pueblo, y Eamon se convirtió en objeto tanto de admiración como de sospecha. Algunos creían que había sido bendecido por los santos, mientras otros susurraban que había hecho un trato con fuerzas más oscuras.

Pero la alegría de Eamon fue breve. Comenzaron a perseguirle sueños extraños—sueños en los que el Pooka aparecía, sus ojos de fuego ardiendo con una intensidad que lo dejaba despierto sudando frío. Y a medida que pasaban los días, eventos inquietantes comenzaron a plagiar el pueblo. Las sombras se movían donde no había luz, el ganado desaparecía y los niños hablaban de figuras espectrales que los observaban desde el bosque.

Capítulo Cinco: La Profecía del Ermitaño

Desesperado por entender lo que estaba sucediendo, Eamon buscó a *Padre Liam*, el sacerdote del pueblo, quien lo dirigió a un ermitaño conocido como *Viejo Seamus*. Seamus vivía profundamente en el bosque, lejos de las miradas curiosas del pueblo. Se decía que una vez había sido un estudioso de los feéricos y sabía más sobre el Otro Mundo que cualquier otra persona viva.

Seamus escuchó atentamente mientras Eamon relataba su encuentro con el Pooka. Cuando Eamon terminó, el ermitaño asintió gravemente. “El Pooka es una criatura de doble naturaleza,” dijo. “Saca lo mejor y lo peor de aquellos con quienes se encuentra. Para apaciguarlo, debes realizar un acto de verdadera abnegación—algo dado no por ganancia, sino por el bien de otro.”

Capítulo Seis: La Ofrenda

En el siguiente Samhain, Eamon regresó a Cnoc na gCapall, llevando solo una barra de pan. Mientras la luna se alzaba alto sobre la colina, el Pooka apareció, su crin brillando como medianoche líquida.

Eamon se arrodilló y extendió el pan. “Esto no es para mí,” dijo. “Es un regalo, dado libremente, como signo de paz.”

El Pooka inclinó la cabeza, sus ojos de fuego suavizándose. “Has aprendido bien, mortal,” dijo. “Te libero a ti y a tu pueblo de mi influencia.”

Capítulo Siete: Una Leyenda Perdura

Las extrañas ocurrencias en Kilmore cesaron y el pueblo comenzó a prosperar una vez más. Aunque el Pooka nunca volvió a ser visto, su leyenda perduró, recordando el equilibrio entre la humanidad y las fuerzas místicas del mundo.

Eamon vivió el resto de sus días con un profundo respeto por el poder del Otro Mundo, asegurándose de que la historia del Pooka se transmitiera a las futuras generaciones tanto como una advertencia como una lección.

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