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Acerca de la historia: La Anguila Dorada de Giethoorn es un Legend de netherlands ambientado en el Contemporary. Este relato Descriptive explora temas de Courage y es adecuado para All Ages. Ofrece Inspirational perspectivas. Un guardián legendario acecha bajo las aguas de Giethoorn, ¿pero es esto una bendición o una maldición?.
Introducción
En el corazón de los Países Bajos, en el tranquilo pueblo de Giethoorn, las aguas guardan un secreto tan antiguo como el tiempo mismo. Mientras el mundo exterior avanzaba, aquí, entre los estrechos canales y las casas de tejados de paja, perduraba una antigua leyenda.
La llamaban la Anguila Dorada, una criatura de resplandeciente oro que vivía bajo la superficie del agua, nunca completamente vista, solo susurrada en voces bajas. Algunos creían que era una guardiana, protegiendo el pueblo de peligros invisibles. Otros la temían, convencidos de que llevaba una maldición que podía traer ruina a quienes la perturbaban.
Muchos habían intentado capturarla a lo largo de los años, atraídos por la codicia o la curiosidad. Pero ninguno había regresado jamás con pruebas.
Para Pieter Van der Meer, un joven pescador con una insaciable sed de aventura, la anguila no era solo un cuento de viejas. Era un misterio que esperaba ser resuelto.
Y él estaba decidido a ser quien lo resolviera.
Las Aguas Susurrantes
Giethoorn era diferente a cualquier otro pueblo de los Países Bajos. Aquí no había caminos, solo canales, donde los barcos deslizaban silenciosamente bajo puentes de madera. Las casas, algunas con siglos de antigüedad, se alzaban como silenciosos centinelas a lo largo de las vías acuáticas, reflejándose ondulantes en el agua.
Pieter había vivido aquí toda su vida, sus manos callosas por años de pesca con su padre antes de que falleciera. Pero no importaba cuántas veces arrojara sus redes, no importaba cuántos peces trajera a casa, siempre sentía que estaba destinado a algo más.
Esa sensación se fortaleció una tarde mientras atraía su barco cerca de la posada local.
Un hombrecito encorvado estaba sentado en el muelle, sus manos arrugadas rodeando una pipa, el humo ondulando en el fresco aire nocturno. Sus ojos, aunque viejos, aún conservaban una agudeza que hizo que Pieter se detuviera.
—Eres el hijo de Van der Meer, ¿verdad? —roncó el anciano.
Pieter asintió, la curiosidad despertada.
—Así es.
El hombre dio una larga calada a su pipa antes de exhalar.
—Dime, muchacho... ¿has visto alguna vez la Anguila Dorada?
Pieter frunció el ceño. Claro que había escuchado historias: todo niño en Giethoorn las conocía. Pero nadie las tomaba en serio.
—Eso es solo un mito —dijo.
El anciano se rió, sacudiendo la cabeza.
—No es un mito, muchacho. La vi yo mismo una vez. Hace muchos años. Y si escuchas con atención en noches como esta, cuando el viento está quieto... puedes oírla susurrar a través del agua.
Pieter sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—¿Dónde la viste? —preguntó.
El anciano sonrió con malicia, inclinándose.
—Las aguas prohibidas —susurró.
Las palabras enviaron una emoción por las venas de Pieter. Las aguas prohibidas eran una parte inexplorada de los canales, un lugar donde los barcos rara vez se aventuraban. Se decía que quienes entraban nunca regresaban.
Pero Pieter nunca había sido de los que se echaban atrás ante un desafío.
Un Mapa de Secretos

A la mañana siguiente, Pieter se encontró en la pequeña biblioteca del pueblo, un antiguo edificio de ladrillo cubierto de hiedra. Adentro, el aroma de papel envejecido llenaba el aire.
La señorita Hilda, la bibliotecaria, lo miraba entre sus gruesas gafas.
—¿Buscas algo, Pieter?
Él dudó antes de decir:
—¿Tienes algún registro sobre la Anguila Dorada?
La sala se volvió extrañamente silenciosa.
Después de una larga pausa, la señorita Hilda alcanzó debajo del mostrador y sacó un antiguo mapa amarillento.
—Esto perteneció a Willem Janszoon —murmuró—. El último pescador que afirmó haber visto la anguila. Desapareció sin dejar rastro.
Los dedos de Pieter trazaron las marcas en el mapa. Allí, en lo profundo de los pantanos, había un lugar señalado con una X rudimentaria.
Las aguas prohibidas.
La señorita Hilda suspiró, ajustándose las gafas.
—Ten cuidado, Pieter. Algunos misterios es mejor dejarlos sin resolver.
Pero Pieter ya estaba haciendo planes.
Hacia las Aguas Prohibidas
Esa noche, Pieter cargó su barco con suministros: una linterna, una red de pesca y un pequeño cuchillo. La luna lanzaba una luz plateada sobre el agua mientras remaba hacia las aguas prohibidas.
Al entrar en la parte más estrecha del canal, el aire se volvió denso y pesado. Una niebla espesa se enroscó sobre la superficie, envolviendo el mundo a su alrededor.
Entonces—un susurro.
No del viento. No de los árboles. Sino del propio agua.
Un resplandor dorado brillaba bajo la superficie. El corazón de Pieter latía con fuerza. Alcanzó su red, lanzándola hacia la luz.
En el momento en que tocó el agua, el bote se sacudió violentamente.
Algo enorme tiró de la red.
Pieter se aferró al costado de su barco mientras una sombra emergía de las profundidades. Por un breve instante, lo vio: una anguila masiva, sus escamas brillando como oro fundido. Sus ojos, antiguos y sabios, se fijaron en los de él.
Entonces, en un instante, desapareció en la oscuridad.
Pieter jadeó, respirando con dificultad.
La Anguila Dorada era real.
El Pueblo Despierta

A la mañana siguiente, la historia de Pieter se propagó por el pueblo como un reguero de pólvora.
Algunos se burlaron de él. Otros escucharon atentamente, con ojos llenos de inquietud. Pero un hombre, Cornelis De Vries, estaba especialmente interesado.
Cornelis era un comerciante acaudalado, más preocupado por el oro que por las leyendas. Si esta anguila existía, él veía solo una cosa: lucro.
—¡Doy cien florines al hombre que me traiga la Anguila Dorada! —anunció.
La caza había comenzado.
La Trampa
Cornelis y sus hombres salieron esa noche, armados con redes reforzadas y arpones. Estaban decididos a atrapar la anguila, sin importar el costo.
Pieter, lleno de temor, los siguió en secreto.
Al entrar los barcos en las aguas prohibidas, cayó el silencio. Incluso los grillos dejaron de cantar.
Luego—la luz dorada.
Los hombres de Cornelis lanzaron sus redes. Algo masivo se agitó violentamente.
La habían atrapado.
Pero el agua comenzó a agitarse. El aire chispeaba con energía.
Los ojos de Pieter se agrandaron al ver algo mucho más grande que la anguila emerger de las profundidades: una sombra, vasta y antigua, moviéndose bajo las olas.
Un relámpago partió el cielo.
Los hombres de Cornelis gritaron mientras el bote daba la vuelta.
La anguila, liberada, desapareció en la tormenta.
Al amanecer, Cornelis había desaparecido.
El Regalo de una Guardiana

Pieter regresó solo a las aguas prohibidas, no para capturar, sino para comprender.
Una tarde, mientras se sentaba en silencio, la anguila emergió una vez más.
Lo observó y luego dejó caer suavemente algo en su barco: una perla dorada, brillando suavemente.
Un regalo. Una advertencia.
La anguila volvió a desaparecer, dejando a Pieter con una verdad que nunca olvidaría.
La Anguila Dorada no era una maldición.
Era una guardiana.
Epílogo: La Guardiana Eterna
Hoy, la gente de Giethoorn aún cuenta la historia.
Y en noches tranquilas, si escuchas atentamente los susurros del agua...
Quizás escuches a la Anguila Dorada.