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La Luna de Sangre sobre el IJssel
Under the eerie glow of a Blood Moon, the IJssel River shrouds the Dutch town of Zutphen in mist, setting the stage for a chilling legend to unfold.

Acerca de la historia: La Luna de Sangre sobre el IJssel es un Legend de netherlands ambientado en el Contemporary. Este relato Descriptive explora temas de Justice y es adecuado para Young. Ofrece Historical perspectivas. Un río maldito, una luna roja como la sangre y los fantasmas de un pasado olvidado: la historia cobra vida de la manera más aterradora.

Introducción

El río IJssel, una cinta plateada que serpentea por las tierras bajas neerlandesas, siempre había tenido un aire de misteriosa quietud. Susurraba a través de pueblos antiguos, acariciaba suavemente puentes desgastados y transportaba consigo los ecos de siglos pasados. Pero entre las historias murmuradas de comerciantes y marineros, de incursiones vikingas y guerras medievales, una leyenda sobresalía: un cuento que solo se narraba en voces bajas, reservado para los supersticiosos y los sabios.

La leyenda de la Luna de Sangre.

Cada siglo, cuando la luna se tornaba roja sobre el río, se decía que los muertos resucitaban. No en forma de huesos o cadáveres descompuestos, sino como espectros vengativos, figuras sombrías de aquellos perdidos en las oscuras profundidades del IJssel. No buscaban la paz. Buscaban justicia.

Y ahora, en el tranquilo pueblo de Zutphen, donde la historia se funde con calles empedradas y canales envueltos en niebla, la Luna de Sangre estaba por aparecer de nuevo.

La Advertencia del Erudito

Willem Veldkamp siempre se había considerado un hombre de razón. Como historiador y archivero, había pasado años reconstruyendo el pasado a través de manuscritos quebradizos y tinta desvanecida. Las historias de fantasmas eran solo eso: cuentos, nacidos del miedo y embellecidos a lo largo de generaciones. Pero cuando descubrió *De Vloek van de Bloedmaan* (*La Maldición de la Luna de Sangre*) en los archivos del pueblo, sintió algo que no podía explicar.

El pergamino crujía bajo sus dedos mientras leía:

*"Vienen cuando la luna sangra, emergiendo de las profundidades del río. Las almas malditas, ahogadas en la injusticia, buscan venganza. Huyan del borde del agua. No presten atención a los susurros. Reznan por el amanecer."*

Las palabras estaban garabateadas en una escritura frenética e irregular, como si el escritor hubiera estado desesperado por anotarlas antes de que fuera demasiado tarde.

Afuera, el viento de octubre aullaba contra las vidrieras de la biblioteca. Willem se estremeció, aunque la sala estaba cálida.

Apartó el libro y se frotó las sienes. Era solo folklore, se dijo a sí mismo. Otra de las muchas historias de fantasmas de Zutphen.

Pero en el fondo, algo lo inquietaba.

Necesitaba saber más.

El Presagio

La mañana siguiente, el pueblo vibraba de anticipación. El festival anual que acompañaba el eclipse lunar se había planificado durante meses: puestos alineaban las calles, vendiendo sidra especiada y cálidos stroopwafels, mientras los niños se entrelazaban entre ellos, con caras pintadas de estrellas y lunas.

Los habitantes siempre habían celebrado el evento, desestimando las leyendas más oscuras como cuentos de viejas. Willem quería creer lo mismo.

Pero mientras se abría camino por la plaza, algo se sentía... extraño.

Un mendigo, un anciano envuelto en mantas raídas, se sentaba junto a los escalones de la iglesia, con los ojos lechosos por la edad. Al pasar, la mano del hombre se extendió rápidamente, agarrando su muñeca con sorprendente fuerza.

*"Has visto el libro,"* gruñó el mendigo.

Willem se congeló. *“¿Qué?”*

*"Has leído las palabras. Ya es demasiado tarde."* Los dedos del hombre se clavaron en la piel de Willem. *"Los has despertado."*

Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Willem. Tiró de su brazo y retrocedió.

El anciano solo sonrió, revelando dientes amarillentos. *"Reza por el amanecer, historiador."*

Sacudido, Willem aceleró el paso, con el corazón latiendo a martillazos en su pecho.

Esa noche, mientras se dirigía a la casa de Mevrouw Ingrid van Rijn—una historiadora que sabía más sobre el pasado de Zutphen que nadie—no pudo deshacerse de la sensación de estar siendo observado.

Sombras en la Niebla

La casa de Mevrouw van Rijn se encontraba al borde del río, con hiedra trepando por sus paredes. El aire olía a tierra húmeda y salvia quemándose mientras Willem tocaba la puerta.

La anciana abrió la puerta sin una palabra, con sus ojos grises penetrantes.

*"No deberías haber leído ese libro,"* dijo antes de que él pudiera hablar.

Willem tragó saliva. *“¿Crees en la leyenda?”*

Ella no respondió. En cambio, lo condujo al interior, pasando por estanterías alineadas con velas parpadeantes y mapas antiguos. Sacó un libro desgastado de un gabinete cerrado con llave y lo colocó sobre la mesa.

*"La Luna de Sangre no es solo una historia,"* dijo. *"Es un ajuste de cuentas."*

Le contó sobre una masacre olvidada. Siglos atrás, durante la Guerra de los Ochenta Años, soldados españoles asaltaron Zutphen, masacrando a su gente. Pero el verdadero horror había llegado después, cuando los sobrevivientes, acusados de traición, fueron atados y ahogados en el IJssel.

*"Eran inocentes,"* susurró Mevrouw van Rijn. *"Y cuando la luna sangra, sus espíritus regresan."*

Willem se rió con desdén, pero sus manos temblaban.

Afuera, los primeros tentáculos de la niebla se enrollaban a lo largo de las orillas del río.

Una sala de archivos débilmente iluminada donde Willem Veldkamp lee un antiguo manuscrito bajo la luz titilante de las velas, con un semblante tenso.
En la tenue luz de las velas, Willem Veldkamp descubre un antiguo manuscrito, cuyas palabras susurran una advertencia sobre la maldición de la Luna de Sangre.

La Luna Ascendente

Al caer la noche, el pueblo se reunió en la orilla del agua. El festival lunar estaba en pleno apogeo: se tocaba música, faroles flotaban en el río y el cielo se oscurecía hasta convertirse en un negro de terciopelo.

Willem y Mevrouw van Rijn estuvieron junto al viejo puente de piedra.

*"Observa el agua,"* dijo ella.

La luna ascendió más alto. Y a medida que lo hacía, un extraño silencio cayó sobre la multitud. La música se tambaleó. Las risas cesaron.

La niebla se espesó, girando en patrones antinaturales.

Luego—vozes.

Susurros, suaves al principio, elevándose desde el río como un himno olvidado.

*"Ayúdanos..."*

La multitud murmuró. Algunos rieron nerviosamente, pero otros palidecieron.

Un chapoteo. Luego otro.

Las figuras comenzaron a emerger del IJssel.

Una orilla del río cubierta de neblina donde Willem y la Sra. van Rijn se encuentran tensos, observando cómo figuras fantasmales emergen del río IJssel.
Mientras la niebla gira en torno al río IJssel, Willem y la señora van Rijn permanecen paralizados por el miedo; figuras sombrías comienzan a surgir de las profundidades bajo el resplandor de la Luna de Sangre.

Los Ahogados

No eran carne. Eran sombras—cosas oscuras y cambiantes envueltas en harapos, con ojos vacíos como abismos.

La gente gritaba. Algunos corrían. Otros quedaban congelados en el lugar.

Los espectros no atacaban. Solo alcanzaban.

Una mujer, demasiado cerca del borde del río, jadearon mientras dedos helados cerraban su muñeca. Se desplomó, su cuerpo desprovisto de color, sus labios abriéndose en un grito silencioso.

*"Están llevándose a los vivos,"* susurró Mevrouw van Rijn. *"¡Buscan justicia, Willem!"*

¿Pero justicia por qué?

La respuesta lo golpeó como un rayo.

*"La iglesia,"* dijo él.

Ella asintió. *"Las viejas confesiones. Los registros de su inocencia."*

El Ajuste de Cuentas

Willem corrió, con el corazón palpitando. Los espectros lo seguían.

En la vieja iglesia, rebuscó en los archivos, buscando. Entonces lo encontró—la lista de los condenados.

No habían sido traidores. Habían sido incriminados.

Tropezó hacia afuera, sosteniendo las páginas en alto. *"¡Eran inocentes!"* gritó. *"¡Conocemos la verdad!"*

Los espectros se detuvieron.

La campana sonó a medianoche.

Las figuras lo miraron, sus ojos huecos insondables. Luego, una por una, se disolvieron en la niebla, desvaneciéndose en el río.

La luna, antes roja, palideció. La noche quedó en silencio.

Se había acabado.

Figuras fantasmales emergen de las brumas del río IJssel, extendiendo sus brazos hacia los aterrorizados habitantes del pueblo bajo el siniestro resplandor de la Luna de Sangre.
Bajo el inquietante resplandor de la Luna de Sangre, figuras espectrales emergen del río IJssel, extendiendo sus brazos hacia los vivos mientras la niebla se espesa, atrapando a los aterrorizados habitantes del pueblo en un miedo sobrenatural.

Epílogo: El Río Recuerda

A la mañana siguiente, el pueblo estaba en silencio. Algunos afirmaron haberlo imaginado. Otros juraron que los muertos habían caminado entre ellos.

Willem se encontraba junto al IJssel, mirando sus profundidades.

*"¿Crees que están en paz?"* preguntó.

Mevrouw van Rijn suspiró. *"Por ahora."*

Pero mientras el río fluía, transportando susurros en el viento, Willem se preguntaba.

Algunos fantasmas nunca se fueron realmente.

En el antiguo puente de piedra, Willem sostiene un pergamino antiguo mientras los espíritus de los condenados dudan, escuchando en silencio.
Mientras Willem revela la verdad sobre las almas condenadas en el viejo puente de piedra, los espíritus se detienen, sus rostros llenos de tristeza iluminados por la Luna de Sangre; la redención está finalmente al alcance.

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