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La historia del Oni
A young Oni stands in the ancient forest, his glowing eyes reflecting both sadness and determination. The soft rays of sunlight filtering through the dense canopy highlight his otherworldly presence, as he begins his journey in a land of myth and legend.

Acerca de la historia: La historia del Oni es un Myth de japan ambientado en el Ancient. Este relato Dramatic explora temas de Redemption y es adecuado para Adults. Ofrece Moral perspectivas. Una historia sobre el viaje de un Oni en busca de su verdadero yo y la redefinición del significado de ser humano.

En un tiempo lejano, cuando las montañas susurraban secretos antiguos y los ríos cantaban canciones de antaño, Japón era una tierra colmada de espíritus, demonios y dioses. Entre estas entidades, ninguna era tan temida o malentendida como el Oni. Se decía que estos seres, con sus imponentes figuras, afilados cuernos y garras afiladas como navajas, poseían la fuerza de cien hombres y la astucia de un zorro. Eran criaturas de pesadilla, sin embargo, como todas las leyendas, su historia era más que blanco y negro. Esta es la historia de un solo Oni, un ser nacido no del mal, sino de las circunstancias, que desafiaría las mismas nociones de bien y mal.

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El Nacimiento del Oni

En un pequeño pueblo enclavado a la sombra del Monte Fuji, nació un niño llamado Kiyoshi. Su madre, Aiko, era un alma gentil a la que le encantaba cuidar su jardín y cantar nanas a su recién nacido. El padre de Kiyoshi, Jiro, era un guerrero que protegía al pueblo de bandidos y animales salvajes. Los aldeanos admiraban la fuerza de Jiro y respetaban la bondad de Aiko, creyendo que Kiyoshi crecería para ser tan honorable como sus padres.

Pero el destino tenía otros planes.

A medida que Kiyoshi crecía, comenzaron a ocurrir cosas extrañas a su alrededor. Cuando lloraba, el viento aullaba con él y el suelo temblaba como si sintiera dolor. Cuando reía, los cielos se oscurecían y caía la lluvia. Los aldeanos empezaron a susurrar entre ellos, y el miedo se coló en sus corazones. "Este niño está maldito", decían. "No es humano".

Una noche fatídica, una terrible tormenta azotó el pueblo. Los relámpagos brillaban y el trueno rugía como si los cielos estuvieran en guerra. En medio del caos, el padre de Kiyoshi fue alcanzado por un rayo, quedando sin vida. Los aldeanos, consumidos por el miedo y el dolor, culpaban a Kiyoshi por la tragedia. Afirmaban que había convocado la tormenta, que era un Oni disfrazado, enviado para destruirlos.

Desconsolada y desesperada por proteger a su hijo, Aiko huyó con Kiyoshi hacia el interior del bosque, dejando atrás todo lo que habían conocido.

Kiyoshi sostiene suavemente la mano de su enferma madre en un denso bosque, rodeado de árboles imponentes.
Kiyoshi, aún joven y mostrando signos de su herencia Oni, cuida de su madre enferma, Aiko, en el corazón del bosque.

El Bosque de las Sombras

El bosque era vasto y antiguo, un lugar donde la luz del día luchaba por penetrar el espeso dosel de hojas. Era una tierra de sombras, donde habitaban criaturas de mito y leyenda, y los humanos rara vez se aventuraban. Durante años, Aiko y Kiyoshi vivieron en una pequeña cabaña que construyeron con ramas caídas y hojas, sobreviviendo con bayas, hongos y ocasionalmente pescado del arroyo cercano.

A medida que Kiyoshi crecía, los cambios en él se hicieron más evidentes. Su piel adquirió un tono rojizo, sus ojos brillaban con una luz espeluznante en la oscuridad, y pequeños cuernos comenzaron a brotar de su frente. Pero a pesar de su apariencia monstruosa, Aiko continuaba amando a su hijo con fervor, enseñándole los caminos de la bondad y la compasión.

Una tarde, cuando Kiyoshi tenía dieciséis años, Aiko enfermó. Su frágil cuerpo ya no podía soportar las duras condiciones del bosque, y quedó claro que no sobreviviría. Mientras yacía en su cama de hojas, tomó la mano de Kiyoshi y pronunció sus últimas palabras: “No eres un monstruo, Kiyoshi. Eres mi hijo. Nunca olvides quién eres realmente”.

Con esas palabras, Aiko falleció, dejando a Kiyoshi solo en el mundo.

Abrazando al Oni

Kiyoshi vagó por el bosque durante muchos días, perdido en el dolor y la confusión. Sentía cómo la oscuridad dentro de él crecía, un hambre que carcomía su alma. Con el paso de los días, comenzó a perderse a sí mismo, olvidando las lecciones que su madre le había enseñado. Se convirtió en una criatura del bosque, temida por todos los que cruzaban su camino.

Una noche, mientras estaba sentado junto a una fogata, Kiyoshi encontró a otro Oni. La criatura era masiva, con piel tan negra como el carbón y ojos que ardían como brasas. Miró a Kiyoshi con una mezcla de curiosidad y desdén. “No eres como los demás”, gruñó. “No has nacido del odio y la malicia. ¿Por qué deambulas por estos bosques como un cordero perdido?”

“No sé quién soy ya”, respondió Kiyoshi, con la voz temblorosa. “Pensé que era humano, pero ahora veo que no soy más que un monstruo”.

El Oni rió, un sonido que resonó por el bosque como un trueno. “Eres un Oni, sí, pero eso no significa que no tengas propósito. No estamos atados por las mismas reglas que los humanos. Somos lo que elegimos ser”.

Las palabras resonaron en Kiyoshi, y comenzó a comprender. No era un monstruo. No estaba limitado por los miedos y prejuicios de los demás. Podía elegir su propio camino.

El Camino del Guerrero

Kiyoshi comenzó a entrenar, perfeccionando sus habilidades y aprendiendo a controlar el poder que surgía dentro de él. Practicaba con sus garras, aprendió a moverse con la sigilo de una sombra y desarrolló una fuerza mucho mayor que la de cualquier hombre mortal. Con el tiempo, dominó las habilidades del Oni, pero nunca olvidó las lecciones que su madre le había enseñado.

Un día, un grupo de viajeros se perdió y aterrorizado en el bosque. Habían sido atacados por bandidos, les robaron su comida y provisiones, y estaban al borde de la muerte. Kiyoshi los observó desde las sombras, dividido entre su deseo de permanecer oculto y las enseñanzas de compasión de su madre.

Al final, decidió ayudar.

Emergió de la oscuridad, su imponente figura y ojos brillantes hicieron que los viajeros gritaran de miedo. Pero Kiyoshi no les hizo daño. En su lugar, les ofreció comida, agua y refugio. Poco a poco, comenzaron a ver que no era el monstruo que temían.

La noticia del Oni de buen corazón se propagó, y pronto, más viajeros lo buscaron, buscando protección y guía. Kiyoshi se hizo conocido como el “Guardían del Bosque”, un título que llevaba con orgullo.

Kiyoshi, como un Oni completamente desarrollado, se mantiene protegiendo a los viajeros cansados en el antiguo bosque.
Kiyoshi, ahora un poderoso Oni, protege a un grupo de viajeros perdidos, mostrando su compasión a pesar de su temible apariencia.

El Regreso al Pueblo

Pasaron los años y Kiyoshi se fortaleció, no solo en cuerpo, sino en espíritu. Un día, escuchó rumores de que su antiguo pueblo sufría bajo el dominio de un cruel señor de la guerra. Los aldeanos eran obligados a trabajar en los campos sin descanso, les robaban las cosechas y quemaban sus casas si se atrevían a resistirse.

Kiyoshi sabía que no podía quedarse de brazos cruzados. Se dirigió al pueblo, con el corazón pesado de recuerdos de su infancia. Al acercarse a las puertas, vio los rostros de las personas que una vez lo rechazaron, ahora desgastados y quebrantados por años de sufrimiento.

El señor de la guerra emergió de la casa más grande, un hombre imponente con el rostro torcido por la crueldad. Se rió al ver a Kiyoshi, burlándose de él por ser “solo otro monstruo”. Pero Kiyoshi no respondió con ira ni odio. En cambio, desafió al señor de la guerra a un duelo, ofreciendo marcharse pacíficamente si perdía.

La batalla fue feroz, y Kiyoshi luchó con toda la fuerza y habilidad que había adquirido a lo largo de los años. Sin embargo, el señor de la guerra no pudo enfrentarse al poder de un Oni que luchaba no por sí mismo, sino por los demás. Con un golpe final y poderoso, Kiyoshi derrotó al señor de la guerra, haciéndolo huir hacia el desierto.

Los aldeanos observaron asombrados cómo Kiyoshi se paraba ante ellos, su forma monstruosa silueteada contra el sol poniente. “Soy Kiyoshi”, declaró. “No soy un monstruo. Soy un protector”.

Kiyoshi, el Oni, se enfrenta al warlord en la entrada del pueblo, mientras las llamas iluminan la escena.
En una intensa batalla, Kiyoshi se enfrenta al señor de la guerra para proteger su antiguo pueblo, demostrando así su fuerza y honor.

Un Nuevo Comienzo

Kiyoshi ayudó a reconstruir el pueblo, usando su fuerza para levantar vigas pesadas y su sabiduría para guiar a los aldeanos en la creación de una comunidad más segura y fuerte. Con el tiempo, comenzaron a verlo no como un Oni, sino como uno de los suyos. Los niños se reunían a su alrededor, escuchando sus relatos de aventuras, y los ancianos buscaban su consejo en asuntos importantes.

Pero a medida que las estaciones cambiaban, Kiyoshi sentía un anhelo en su corazón. Sabía que su lugar no estaba con los humanos, sino en el bosque, donde podía continuar protegiendo a quienes se adentraban en sus profundidades. Y así, con el corazón pesado, se despidió del pueblo, prometiendo regresar si alguna vez lo necesitaban.

Los aldeanos lo observaron desaparecer en las sombras y, aunque sabían que lo extrañarían, también sabían que siempre estaría allí, cuidándolos.

Epílogo: La Leyenda Vive

Los años se convirtieron en décadas, y la historia del Oni que protegía el pueblo se convirtió en una leyenda, transmitida de generación en generación. Hablaron de Kiyoshi, el niño que nació con el poder de un demonio pero eligió vivir con el corazón de un humano. Lo recordaron no como un monstruo, sino como un héroe que les enseñó que no es nuestro nacimiento lo que nos define, sino las decisiones que tomamos.

Hasta el día de hoy, si te adentras profundamente en el bosque cerca del Monte Fuji, podrías escuchar los susurros de un ser antiguo cuidando de ti, listo para echar una mano a quienes lo necesiten. Y si escuchas atentamente, podrías oír una voz, suave como una brisa, diciendo: “No eres un monstruo. Eres lo que eliges ser”.

Kiyoshi observa su antiguo pueblo al atardecer, mientras los aldeanos le saludan con gratitud.
Kiyoshi se despide de la aldea que salvó, su corazón lleno de orgullo y una emoción agridulce mientras se aleja.

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