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El Witcher: Un Relato de Destino
Here is the image introducing the story, as requested. The scene sets a mysterious and tense atmosphere in a forest at dusk, perfectly capturing the mood of the story's beginning.

Acerca de la historia: El Witcher: Un Relato de Destino es un Fantasy de ambientado en el Medieval. Este relato Dramatic explora temas de Good vs. Evil y es adecuado para Adults. Ofrece Entertaining perspectivas. Un solitario Witcher y un niño de la profecía deben navegar por un peligroso mundo de magia y destino.

El mundo del Continente es un lugar donde el peligro y el destino se entrelazan, donde monstruos deambulan por la naturaleza salvaje y hombres y mujeres por igual deben enfrentarse a fuerzas que están más allá de su control. En esta tierra de peril, donde los reinos surgen y caen, hay quienes se destacan por encima de la gente común, guerreros que son más que humanos, cuya existencia misma está ligada a los aspectos más oscuros del mundo. Estos son los Brujos: mutantes, cazadores de monstruos por encargo, creados a través de experimentos alquímicos y entrenados en el arte del combate.

Entre ellos, Geralt de Rivia destaca como una figura a la vez temida y respetada. Conocido como el Lobo Blanco, Geralt es un hombre de pocas palabras y resolución inquebrantable, un solitario que vaga de un contrato a otro, impulsado por un código de neutralidad en un mundo lleno de intrigas, guerras y traiciones. Pero, como Geralt llegará a darse cuenta, nadie puede escapar del destino, y su suerte está ligada a la de un niño nacido en circunstancias extraordinarias, alguien que podría tener la clave para el destino de todo el Continente.

El Camino del Lobo

Geralt cabalgaba por los serpenteantes caminos forestales, el pesado manto del anochecer descendiendo a su alrededor. Los cascos de su fiel caballo, Roach, golpeaban constantemente el camino de tierra mientras el viento silbaba entre los árboles. El aire estaba impregnado del aroma de pino, musgo y el tenue y metálico olor de un río cercano. Sus sentidos, agudizados más allá de los de un hombre común, captaron el más leve rumor en la maleza.

Un contrato lo había traído a este recóndito rincón del Continente. Los aldeanos de la cercana aldea de White Orchard hablaban de una bestia, una criatura grande y amenazante que había estado atacando ganado y viajeros por igual. Estaban aterrorizados, ofreciendo sus últimas monedas a quien los librara del monstruo. Geralt había aceptado el contrato, como siempre lo hacía, sin emoción ni vacilación. El trabajo de un Brujo nunca era fácil, pero era necesario.

A medida que el camino se estrechaba, Geralt guiaba a Roach a través de un espeso matorral, llegando a un claro cerca del borde de un acantilado. Abajo, la aldea yacía tranquila, sus pocas luces parpadeando en la distancia como estrellas caídas a la tierra. El viento aullaba más fuerte aquí, llevando consigo el más leve rastro de algo fétido, un olor que solo un Brujo podía detectar.

"Está cerca", murmuró Geralt para sí mismo, desmontando y ajustando las correas de su espada de plata, el arma diseñada especialmente para matar monstruos. Sus ojos se entrecerraron mientras examinaba el terreno, buscando cualquier signo de movimiento.

De repente, una sombra se movió cerca de la línea de árboles, una figura corpulenta, su contorno distorsionado por la luz pálida de la luna creciente.

Un guerrero en batalla contra un colosal demonio en un bosque iluminado por la luna, blandiendo una espada de plata.
Una feroz batalla entre un guerrero y un monstruoso demonio a la luz pálida de la luna, en el corazón de un denso bosque.

La Bestia de White Orchard

La criatura saltó de las sombras con un rugido gutural, su enorme forma arremetiendo contra el claro. Medía al menos dos metros y medio, cubierto de pelaje enmarañado, con garras del tamaño de dagas y ojos amarillos brillantes que ardían con furia primal. Un demonio—Geralt reconoció la especie de inmediato. Eran bestias astutas, más peligrosas que cualquier depredador común, impulsadas por la sed de sangre y el llamado de la caza.

Geralt desenvainó su espada de plata en un solo y fluido movimiento, su cuerpo reaccionando como si la espada fuera una extensión de sí mismo. El demonio cargó, sus garras extendidas, pero Geralt fue más rápido. Con un ágil pirueta, esquivó el ataque de la criatura y golpeó con precisión, dejando un corte profundo a lo largo de su costado.

El demonio aulló de dolor, tambaleándose hacia atrás antes de reagruparse y lanzar otro asalto. Esta vez, fingió, atacando bajo las piernas de Geralt. El Brujo evitó por poco el golpe, rodando hacia un lado y lanzando un rápido signo—Aard. Una explosión de energía telequinética estalló de su mano, haciendo que el demonio cayera hacia atrás.

Pero la lucha estaba lejos de terminar. El demonio era resistente, y su furia sedienta de sangre solo crecía con cada herida. Circulaba alrededor de Geralt, ojos brillantes, como si calculara su próximo movimiento.

Por un momento, el mundo pareció detenerse. El bosque contuvo la respiración, el viento cesó y el tiempo mismo se estiró mientras el hombre y la bestia se evaluaban mutuamente. Luego, en un borrón de movimiento, el demonio saltó una vez más, pero esta vez Geralt estaba preparado. Se deslizó por debajo de la criatura, su espada brillando a la luz de la luna mientras cortaba limpiamente el vientre expuesto del demonio.

Con un último y doloroso gruñido, la bestia colapsó al suelo, su fuerza vital drenándose hacia la tierra.

Geralt guardó su espada, secándose el sudor de la frente. La lucha había sido brutal, pero había ganado. Otro monstruo asesinado, otro contrato cumplido. Mientras comenzaba a recoger la cabeza del demonio como prueba para los aldeanos, sus pensamientos se dirigieron a su próximo destino. Pero antes de poder montar a Roach y cabalgar de regreso a la noche, sintió una extraña atracción, una sensación de que algo lo observaba, esperando.

El destino, al parecer, tenía más reservado para Geralt que una simple caza de monstruos.

La Ley de Sorpresa

Días después, Geralt se encontraba en la corte de Cintra, convocado por la propia Reina Calanthe. El gran salón estaba lleno de nobles, caballeros y cortesanos, todos ansiosos por presenciar el espectáculo del famoso Lobo Blanco. Sin embargo, Geralt estaba lejos de estar entusiasmado. Prefería la naturaleza salvaje a los confines opresivos de las cortes reales, pero el deber lo había traído allí.

"Su Majestad," dijo Geralt con una reverente inclinación, su voz calmada y firme.

La Reina Calanthe se sentaba en su trono, una figura regia con ojos penetrantes y una aguda sagacidad. "Brujo, escucho que has venido a reclamar la Ley de Sorpresa," dijo, su tono cargado de curiosidad.

Geralt asintió. Había salvado la vida de un noble, Duny, quien en gratitud había ofrecido la Ley de Sorpresa, una antigua costumbre donde uno prometía algo que aún no sabía que tenía. En este caso, se reveló que Duny y la Princesa Pavetta esperaban un hijo. Sin que ellos lo supieran, ese niño estaría ligado a Geralt por el destino.

"El niño me pertenece por derecho de la Ley," dijo Geralt, aunque su corazón estaba pesado. No tenía deseo de quitarle un hijo a sus padres, pero los Brujos vivían por sus juramentos, y el destino no era algo que se pudiera negar.

La mirada de la Reina Calanthe se suavizó por un momento, luego se endureció de nuevo. "¿Y qué piensas hacer con este niño del destino, Brujo? ¿Criarlo como uno de los tuyos?"

"Lo protegeré," respondió Geralt simplemente. "Eso es todo lo que puedo prometer."

Antes de que la Reina pudiera responder, una conmoción estalló en el salón. Las puertas se abrieron de golpe y un grupo de soldados entró, seguido por una figura con capucha.

Una figura enmascarada entra en un gran salón real, captando la atención de la Reina y de toda la corte.
La Reina y su corte dirigen su atención a la entrada dramática de una figura misteriosa en el salón real.

El Niño del Destino

La figura se quitó la capucha, revelando a una joven con cabello plateado y ojos verdes llamativos. Era la hija de Pavetta, pero no como un bebé, como Geralt había esperado. No, esta era una joven, una que había sido moldeada por el caos y la guerra que habían consumido el Continente en los años desde su nacimiento.

"Soy Ciri," dijo la chica, su voz firme a pesar de su juventud. "Y sé quién eres, Brujo. Te he estado esperando."

Geralt estudió a la niña, sintiendo el inconfundible tirón del destino una vez más. Esta no era una niña común. Llevaba consigo un aire de peligro, de potencial, de algo antiguo y poderoso.

"Estoy aquí para llevarte a Kaer Morhen," dijo Geralt. "Para entrenarte, protegerte. Hay fuerzas en juego que quieren usarte como una arma. No lo permitiré."

Los ojos de Ciri brillaron con una mezcla de miedo y desafío, pero asintió. No tenía elección, y Geralt tampoco.

Al dejar atrás la corte de Cintra, Geralt sintió el peso del futuro asentarse sobre sus hombros. Su camino ya no era propio. Estaba ligado a Ciri, y ella a él. Juntos, enfrentarían lo que el Continente les arrojara, para bien o para mal.

Sangre y Acero

Entrenar a Ciri no fue tarea sencilla. Era rápida, ágil y ferozmente inteligente, pero también testaruda e impulsiva. Bajo la tutela de Geralt en Kaer Morhen, aprendió el arte del esgrima, el uso de signos y las formas de los monstruos. Pero más que eso, aprendió lo que significaba sobrevivir en un mundo que nunca la aceptaría por quien era.

Una joven entrena con una espada en una fortaleza montañosa nevada, observada por un guerrero más experimentado.
En un remoto baluarte montañoso, una joven afina su destreza con la espada bajo la atenta mirada de un guerrero experimentado.

Cada día, se hacía más fuerte, su conexión con sus poderes latentes se volvía más evidente. Pero con ese poder venía el peligro, ya que fuerzas a lo largo del Continente comenzaban a movilizarse. Emperadores, reyes, hechiceros, todos buscaban al niño de la profecía, aquel que podría cambiar el curso de la historia.

Con la guerra a la vista, Geralt y Ciri se encontraron siendo cazados por enemigos de todos lados. Era un juego de sangre y acero, donde la lealtad era una moneda y la traición una certeza.

A través de todo esto, Geralt permaneció como el constante de Ciri: su protector, su mentor, su padre en todo menos en nombre. Pero incluso él no podía protegerla de todo.

La Cacería Salvaje

Una noche fatídica, mientras el invierno descendía sobre Kaer Morhen, llegó la Cacería Salvaje. Un grupo de jinetes espectrales, temidos en todo el Continente, buscaban a Ciri por su poder, con la intención de usarla para atravesar el velo entre los mundos y traer caos a la tierra.

Los jinetes espectrales de la Cacería Salvaje participan en una batalla contra un pequeño grupo de defensores en un campo cubierto de niebla.
Una lucha desesperada contra los jinetes espectrales de la Cacería Salvaje, mientras emergen de la niebla bajo un ominoso cielo iluminado por la luna.

La batalla fue feroz, con Geralt, Ciri y sus aliados luchando contra la Cacería con cada onza de fuerza que tenían. Pero la Cacería era implacable, y los poderes de Ciri comenzaron a descontrolarse.

En un intento desesperado por protegerla, Geralt hizo el sacrificio supremo, enfrentándose directamente al líder de la Cacería. El enfrentamiento fue brutal, y aunque Geralt logró repelerlos, resultó gravemente herido.

Mientras la Cacería Salvaje se retiraba, Ciri se arrodilló junto a Geralt, con lágrimas corriendo por su rostro. "No puedes morir, Geralt. No así."

La voz de Geralt era débil pero resuelta. "No lo haré... aún no. Pero debes estar lista, Ciri. El destino siempre te encontrará, sin importar dónde te escondas."

Y así, su viaje continuó, con la amenaza de la Cacería Salvaje siempre al acecho en la distancia, y el peso del destino empujándolos hacia un futuro incierto.

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