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El Troll del Monte Esja
A breathtaking introduction to the story, with Mount Esja shrouded in mist and glowing under a twilight sky, as Ásta begins her fateful journey.

Acerca de la historia: El Troll del Monte Esja es un Legend de iceland ambientado en el Contemporary. Este relato Descriptive explora temas de Courage y es adecuado para All Ages. Ofrece Cultural perspectivas. Un viaje de sacrificio, valentía y los antiguos secretos del monte Esja en Islandia.

La gente de Mosfellsbær a menudo hablaba del Monte Esja en tonos reverentes. Elevándose orgullosamente sobre la Bahía de Faxaflói, sus picos parecían tocar los cielos, y su sombra se extendía protectora sobre los pueblos cercanos. Decían que era más que una montaña, un lugar donde el límite entre lo natural y lo sobrenatural se desdibujaba. Oculto entre sus escarpadas laderas, existía la leyenda de un troll, una criatura tanto temida como apenada, atada a la montaña por la eternidad. Algunos desestimaban el cuento como una mera fábula, pero los susurros llevaban un toque de verdad, transmitido de generación en generación.

Para Ásta, una joven curiosa y obstinada, la leyenda no era una advertencia sino una invitación. La montaña siempre la había fascinado, sus senderos la llamaban como el canto de una sirena. No es que descartara por completo las historias de su abuela Amma Lóa, pero no compartía las supersticiones de la generación anterior. Ásta quería ver por sí misma qué misterios se ocultaban en los pliegues de Esja, sin importar el costo.

El Llamado de la Montaña

La mañana en que Ásta decidió comenzar su viaje era fresca y clara, el tipo de día en que el cielo parecía extenderse para siempre. Había empacado una mochila resistente con todo lo que pensaba necesitar: ropa abrigada, pescado seco, una cantimplora de agua y su cuaderno, donde a menudo esbozaba los paisajes que la inspiraban.

Al iniciar su ascenso, el mundo parecía cambiar a su alrededor. El crujido rítmico de sus botas contra el sendero de grava se convirtió en su único compañero. Los sonidos familiares del pueblo se desvanecieron detrás de ella, reemplazados por la inquietante quietud de la montaña. Cuanto más ascendía, más densa se volvía la niebla, girando a su alrededor en filamentos que parecían casi vivos.

A mitad del sendero, un escalofrío recorrió su espalda. No podía quitarse la sensación de que la estaban observando. Pero cada vez que se giraba, no había nada: solo el manto interminable de niebla y los contornos tenues de rocas dentadas.

Continuó, con el corazón latiendo tanto de miedo como de emoción.

Ásta se detiene en el sendero brumoso del monte Esja, con la tenue silueta de un troll sombrío que la observa desde la distancia.
Ásta se adentra más en los senderos envueltos en niebla del Monte Esja, ajena a la figura sombría que observa cada uno de sus movimientos.

La Voz en la Niebla

Para cuando Ásta alcanzó una meseta cerca de la cima, el sol comenzaba a ponerse, proyectando largas sombras sobre la montaña. Encontró una roca plana para sentarse y sacó su cantimplora de agua, saboreando el líquido fresco mientras le bajaba por la garganta. El silencio a su alrededor era profundo, roto solo por el ocasional susurro del viento.

Justo cuando estaba a punto de levantarse y continuar, una voz—profunda y resonante—cortó la quietud. “No deberías estar aquí.”

Ásta se congeló, atrapando el aliento en su garganta. Escaneó su entorno, con los ojos abiertos de par en par por el susto. Luego, desde las sombras, una figura comenzó a emerger. Al principio, pensó que era un hombre, pero al adentrarse en la tenue luz, comprendió la verdad. La figura se erguía sobre ella, su piel áspera y gris como la piedra, sus ojos brillando con una luz antinatural.

Era el troll del Monte Esja, el guardián de la montaña de quien Amma Lóa le había advertido.

El primer instinto de Ásta fue correr, pero sus piernas se negaron a moverse. En cambio, se obligó a hablar. “Yo… no quise entrometerme. Solo quería ver la montaña.”

Los ojos del troll se entrecerraron, aunque no había malicia inmediata en su mirada. “Esta montaña no es para los curiosos. Exige respeto. Aquellos que vagan demasiado lejos pierden más que su camino.”

Un Cuento de Arrepentimiento

Ásta mantuvo su posición, su miedo inicial dando paso a la curiosidad. “¿Por qué estás aquí? ¿Por qué guardas este lugar?”

El troll inclinó la cabeza, estudiándola. “Porque no tengo otra opción”, dijo, con la voz teñida de amargura. “Hace mucho tiempo, yo era como tú—humano. Necio. Buscaba tomar lo que no me pertenecía. La montaña me castigó por mi arrogancia.”

Entonces, le contó su historia, su voz profunda tejiendo un relato de tragedia. Siglos atrás, había sido un hombre de gran ambición, un vagabundo que buscaba riqueza y gloria. Al escuchar rumores sobre un poderoso artefacto escondido en el Monte Esja, se aventuró en sus profundidades, desoyendo las advertencias de los aldeanos. Allí, encontró a una hechicera que protegía el corazón de la montaña, una gema cristalina que se decía albergaba un poder inimaginable. Cuando intentó tomarla a la fuerza, ella lo maldijo, ligándolo a la montaña como su guardián eterno.

Mientras el troll hablaba, Ásta sintió una punzada de empatía. Sus palabras estaban cargadas de arrepentimiento, su forma imponente pero llena de tristeza. “¿No hay forma de romper la maldición?” preguntó.

El troll dudó, luego asintió. “Hay… pero tiene un precio.”

Hacia las Profundidades

El troll condujo a Ásta más profundamente en la montaña, el aire se volvía más frío con cada paso. La niebla se espesaba y el sonido del agua goteando resonaba en paredes invisibles. Finalmente, llegaron a una caverna como ninguna que Ásta hubiera visto antes. Las paredes brillaban tenuemente, pulsando con una luz de otro mundo, y en el centro se encontraba el Corazón de la Montaña: un cristal masivo que parecía vibrar con vida.

“Esto es”, dijo el troll, su voz ahora más baja. “La fuente del poder de la montaña. Solo alguien con un corazón puro puede tocarlo y liberar su energía. Pero hacerlo es sacrificarlo todo—tu libertad, tu vida como la conoces. Te convertirías en el nuevo guardián.”

Ásta miró el cristal, su luz reflejándose en sus ojos abiertos de par en par. El peso de la decisión la aplastaba. Pensó en su familia, sus sueños y la vida que la esperaba de regreso en el pueblo. Pero también pensó en el troll, sus siglos de sufrimiento grabados en cada línea de su rostro curtido.

Un resplandeciente corazón cristalino de la montaña en una caverna, mientras Ásta lo mira con asombro ante su luz radiante.
Ásta se queda maravillada ante el Corazón de la Montaña, su resplandor radiante iluminando la mística cueva.

El Peso de la Elección

“No puedo dejarte así”, dijo finalmente Ásta, con la voz temblorosa. “Nadie merece sufrir por la eternidad.”

El troll la miró con una mezcla de esperanza y tristeza. “No tomes esta decisión a la ligera, niña. La montaña es implacable. Toma y toma hasta que no quede nada.”

Pero la mente de Ásta estaba decidida. Dio un paso adelante, colocando sus manos sobre el cristal. Instintivamente, una oleada de energía recorrió su cuerpo, tan poderosa que la hizo caer de rodillas. Visiones inundaron su mente: batallas antiguas, la creación de la montaña, las innumerables vidas que había tocado. Vio a la hechicera, sus ojos ardiendo con poder, y el momento en que el troll fue maldecido.

Cuando las visiones se desvanecieron, Ásta se puso de pie tambaleante. Se sentía diferente—más fuerte, pero ligada a la montaña de una manera que no podía explicar del todo. El troll estaba frente a ella, su forma brillando mientras la maldición comenzaba a romperse.

“Lo has logrado”, dijo, con la voz llena de asombro. “Me has liberado.”

Un Nuevo Guardián

Mientras el troll desaparecía en la niebla, Ásta sintió una profunda sensación de pérdida, aunque sabía que había hecho lo correcto. Ahora era la protectora de la montaña, sus secretos eran su responsabilidad. El poder del Corazón recorría su ser, conectándola con cada piedra, cada ráfaga de viento, cada susurro de la montaña.

Pasaron los años y la leyenda de Ásta creció. Los viajeros hablaban de una figura misteriosa que aparecía cuando estaban perdidos, guiándolos de regreso a la seguridad. Los aldeanos, antes cautelosos con Esja, llegaron a respetarla, dejando ofrendas a su base como signo de gratitud.

Aunque Ásta extrañaba su antigua vida, encontró paz en su nuevo papel. La voz de la montaña era una compañera constante, un recordatorio del lazo que ahora compartía con la tierra.

Ásta se arrodilla ante el Corazón de la Montaña, mientras una energía dorada brota del cristal, transformándola.
Ásta abraza su destino, tocando el Corazón de la Montaña mientras oleadas de energía mágica la transforman para siempre.

Epílogo: El Vigilante Eterno

En una fría noche de invierno, mientras la aurora boreal pintaba el cielo con cintas de verde y oro, Ásta se encontraba en la cima de la montaña. El mundo debajo de ella parecía a la vez distante y cercano, una parte de ella y, sin embargo, aparte. Pensó en el troll, su libertad y la vida que había dejado atrás.

Pero mientras contemplaba el paisaje congelado, no sintió arrepentimiento. Los secretos de la montaña estaban a salvo, y su legado perduraría. Aunque su nombre pudiera desvanecerse algún día en mito, el espíritu de Ásta permanecería eterno, parte del latido del Corazón del Monte Esja.

Ásta se sostiene firme en la cima del monte Esja, enmarcada por las auroras boreales, con la bahía de Faxaflói brillando a sus pies.
Ásta es la guardiana eterna del monte Esja, enmarcada por las majestuosas auroras boreales, su espíritu vinculado para siempre al legado de la montaña.

Fin

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