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Acerca de la historia: El Decamerón es un Historical Fiction de italy ambientado en el Medieval. Este relato Descriptive explora temas de Friendship y es adecuado para Adults. Ofrece Cultural perspectivas. Una historia atemporal de amistad y supervivencia durante la Peste Negra en Italia.
El Brote
En el año 1348, Florencia era una ciudad dominada por el terror de la Peste Negra. Las calles estaban extrañamente silenciosas, solo interrumpidas por el ocasional lamento de una familia en duelo. Los edificios se erguían como centinelas silenciosos sobre el caos, con ventanas oscuras y ominosas. En medio de esta agitación, un grupo de diez amigos—siete mujeres y tres hombres—decidió huir de la ciudad y encontrar refugio en el campo, buscando consuelo y seguridad del implacable avance de la plaga.
Pampinea, la mayor y más sabia del grupo, propuso el plan. “Nos retiraremos a la villa de mi familia en las colinas. Allí, podemos esperar a que pase esta plaga en relativa paz, alejadas de los horrores de la ciudad.”
Su sugerencia fue recibida con unánime acuerdo. Así, en una mañana fresca, partieron, cada una llevando lo poco que podían de sus vidas anteriores. Mientras caminaban por las puertas de la ciudad, dejaban atrás el hedor de la muerte, el sombrío repique de las campanas de la iglesia y la desesperación que llenaba el aire.

El Santuario
La villa se erguía en la cima de una suave colina, rodeada de exuberantes viñedos y olivares. Era una gran propiedad, con paredes de piedra blanca que brillaban bajo la luz del sol, ofreciendo un contraste nítido con el ánimo oscuro que habían dejado en su viaje. Las amigas se establecieron en su nuevo hogar, agradecidas por el santuario que les brindaba.
Cada día, se reunían en el gran salón, cuyos altos techos y elaborados tapices recordaban la riqueza que una vez fluyó libremente en Florencia. Para pasar el tiempo y mantener el ánimo, Pampinea sugirió que contaran historias. Cada día, una persona narraría un cuento, proporcionando entretenimiento y una sensación de normalidad en medio del caos.
La Primera Historia
En el primer día, fue el turno de Filomena para contar una historia. Habló de un comerciante llamado Federigo, que se había enamorado de Monna Giovanna, una mujer de gran belleza y virtud. A pesar de sus intentos por ganar su corazón, el amor de Federigo permaneció no correspondido. Gastó su fortuna tratando de impresionarla y pronto, no le quedó más que una pequeña granja y un querido halcón.
Un día, el hijo de Monna Giovanna cayó gravemente enfermo y anhelaba el halcón de Federigo. Desesperada por salvar a su hijo, Monna Giovanna visitó a Federigo y le pidió el ave. Sin saber su verdadera intención, Federigo, en un acto de puro amor, cocinó el halcón y se lo sirvió. Cuando Monna Giovanna descubrió esto, se conmovió por su sacrificio y, tras la muerte de su hijo, se casó con él. Así, el amor y la generosidad inquebrantables de Federigo fueron finalmente recompensados.
La Segunda Historia
Al día siguiente, fue el turno de Dioneo. Conocido por su ingenio y encanto, eligió un cuento humorístico para aligerar el ambiente. Contó la historia de una joven llamada Alibech, que, en su ingenuidad, buscó servir a Dios entrando al desierto. Allí, conoció a un ermitaño llamado Rustico, quien la convenció de que la mejor manera de servir a Dios era ayudarlo a "devolver al Diablo al Infierno". A través de una serie de encuentros cómicos, Alibech finalmente regresó a casa, más sabia y consciente de las realidades del mundo.
Las Festividades
Para celebrar el final de cada día, el grupo organizaba banquetes en el gran comedor de la villa. La mesa se colmaba de pan, queso, frutas y vino de los viñedos locales. Las risas y las conversaciones que llenaban la habitación contrastaban marcadamente con la tristeza que existía más allá de su santuario.
Una tarde, mientras cenaban bajo el suave resplandor de la luz de las velas, Pampinea notó un cambio en el ambiente. Las historias, la compañía y la relativa seguridad de su entorno habían comenzado a levantar el velo de desesperación que nublaba sus corazones. No solo estaban sobreviviendo; estaban viviendo.

La Tercera Historia
En el tercer día, fue el turno de Elissa. Narró la historia de Tancredi, el Príncipe de Salerno, y su hija Ghismonda. Tancredi había mantenido a su hija protegida, pero ella se enamoró de Guiscardo, un hombre de menor rango. Cuando Tancredi descubrió su amorío, hizo matar a Guiscardo y envió su corazón a Ghismonda en una copa de oro. Devastada por el dolor, Ghismonda bebió veneno y murió, abrazando la copa contra su pecho.
Esta trágica historia conmovió a todos hasta las lágrimas, recordándoles de manera conmovedora la fragilidad de la vida y el amor.
El Jardín
Después de días de contar historias y festejar, el grupo decidió explorar los jardines de la villa. Los jardines eran un paraíso, llenos de flores vibrantes, fuentes murmurantes y bosquecillos sombreados. Era un lugar de paz, donde podían escapar del mundo y encontrar consuelo en el abrazo de la naturaleza.
Una tarde, mientras paseaban por los jardines, encontraron un estanque aislado. El agua era cristalina, reflejando el cielo azul arriba. Allí solían reunirse para compartir sus pensamientos, esperanzas y sueños.
La Cuarta Historia
Lauretta, la más silenciosa del grupo, eligió contar la cuarta historia. Habló de un noble caballero llamado Messer Torello, quien fue separado de su esposa durante las Cruzadas. Capturado y vendido como esclavo, ascendió a una posición de respeto en la corte del Sultán. Años después, finalmente pudo regresar a casa, justo a tiempo para impedir el segundo matrimonio de su esposa. Su reencuentro fue un testimonio del poder perdurable del amor y la fe.
La Celebración
A medida que los días se convertían en semanas, el grupo encontró nuevas maneras de celebrar la vida. Organizaban noches de música y baile en el gran salón, con sus risas resonando por toda la villa. Las mujeres se adornaban con flores del jardín, mientras los hombres tocaban instrumentos y cantaban canciones de alegría y esperanza.
Una noche, mientras bailaban bajo las estrellas, Filostrato, el más melancólico del grupo, finalmente sonrió. La plaga había llevado mucho de ellas, pero no había quitado su espíritu. Juntas, habían encontrado una manera de reclamar su humanidad.

La Quinta Historia
En el quinto día, fue el turno de Neifile para contar una historia. Habló de Lisabetta, una joven que se enamoró de un joven pobre llamado Lorenzo. Sus hermanos, al descubrir el amorío, asesinaron a Lorenzo y enterraron su cuerpo. Lisabetta, guiada por un sueño, encontró su tumba y desenterró su cabeza, que colocó en una olla de albahaca. Regada con sus lágrimas, la albahaca creció frondosa y verde, símbolo de su amor eterno y dolor.
El Regreso
Finalmente llegó el día en que el grupo tuvo que regresar a Florencia. Les habían llegado noticias de que la plaga había disminuido y que la vida volvían lentamente a la ciudad. Con corazones pesados, empacaron sus pertenencias y se despidieron de la villa que había sido su refugio.
Mientras regresaban a la ciudad, llevaban consigo las historias que habían compartido, los recuerdos que habían creado y los lazos que se habían fortalecido entre ellas. El viaje de regreso fue agridulce, un recordatorio de la resiliencia del espíritu humano frente a la adversidad.
El Nuevo Comienzo
Al regresar a Florencia, las amigas encontraron una ciudad para siempre cambiada por la plaga. Muchos de sus seres queridos habían desaparecido y las calles aún estaban marcadas por los recuerdos de la pérdida. Sin embargo, entre las ruinas, había una sensación de renacimiento. La gente estaba reconstruyendo sus vidas, sus hogares y su ciudad.
Pampinea y sus amigas juraron mantener viva su tradición de contar historias. Se reunirían regularmente, no solo para recordar el pasado, sino para celebrar el futuro. Las historias que contaban servirían como un faro de esperanza, un testimonio de su supervivencia y un tributo a aquellos que habían perdido.
El Legado
Pasaron los años y las amigas envejecieron. Se casaron, tuvieron hijos y vieron a su ciudad florecer una vez más. Pero el vínculo que habían forjado durante aquellos días oscuros en la villa permaneció intacto. Continuaron reuniéndose, contando historias y celebrando la vida.
El Decamerón, como llegó a conocerse su colección de cuentos, se convirtió en un legado preciado, transmitido de generación en generación. Era un recordatorio de una época en que diez amigas enfrentaron lo peor que el mundo tenía para ofrecer y emergieron más fuertes, unidas por su amor mutuo y su espíritu inquebrantable.
El Cuento Final
En sus últimos años, las amigas decidieron escribir sus historias. Se reunieron en la villa una vez más, ahora un lugar de dulces recuerdos más que de refugio. Cada una contribuyó con sus cuentos favoritos, creando un rico tapiz de experiencias humanas—amor, pérdida, alegría, tristeza, humor y sabiduría.
Al terminar su trabajo, se miraron con lágrimas en los ojos. Habían vivido una época de gran prueba y habían salido al otro lado con historias que los sobrevivirían. Su legado estaba asegurado, sus historias un regalo para el futuro.

El Vínculo Eterno
En una brillante mañana de primavera, Pampinea, ahora una anciana, se sentó en el jardín de la villa. El aire estaba impregnado con el aroma de las flores en flor y el sol brillaba cálidamente sobre su rostro. Cerró los ojos y escuchó la risa distante de los niños jugando, un sonido que llenó su corazón de paz.
Pensó en sus amigas, ahora dispersas por los vientos del tiempo, y sonrió. Habían compartido algo extraordinario, algo que nunca se olvidaría. El Dec
ameron era más que una colección de historias; era un testimonio de su coraje, su amistad y su amor perdurable.
Y así, las historias perduraron, un faro de esperanza para las futuras generaciones, un recordatorio de que incluso en los momentos más oscuros, el espíritu humano puede brillar con luz y belleza.
