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Acerca de la historia: El Castillo de Eschtheim es un Legend de germany ambientado en el Medieval. Este relato Descriptive explora temas de Redemption y es adecuado para Adults. Ofrece Historical perspectivas. Una historia de ambición, redención y las sombras espectrales de un castillo maldito.
**Encajonado en el corazón de los Alpes Bávaros, el Castillo de Eschtheim se alzó como un fantasma desde la niebla, sus torretas perforando los cielos. Permanecía aislado del resto del mundo, rodeado de densos y antiguos bosques y acantilados escarpados que disuadían incluso a los viajeros más valientes. Durante siglos, el castillo había sido la fuente de leyendas susurradas y supersticiones temerosas: una fortaleza maldita, decían algunos, hogar de una línea de sangre condenada y habitada por espíritus malévolos. Otros afirmaban que era un lugar donde experimentos alquímicos prohibidos habían desafiado el orden natural.
Pocos se atrevieron a acercarse a sus puertas, y aún menos vivieron para contar lo que vieron dentro. Pero para Heinrich Krauss, un historiador con una inclinación por desentrañar misterios antiguos, Eschtheim no era simplemente una reliquia encantada del pasado; era un enigma que exigía ser resuelto.
# Capítulo Uno: La Llegada del Erudito
Heinrich se acercó al castillo en el crepúsculo de finales de otoño, el aire de la tarde fresco y el bosque inquietantemente silencioso. Sus botas crujían sobre las hojas caídas mientras emergía del bosque para detenerse ante las grandes puertas de Eschtheim. Eran colosales, forjadas de hierro y roble, desgastadas por el tiempo pero formidables.

Mientras contemplaba la fachada del castillo, no pudo evitar maravillarse ante su belleza ominosa. Gárgolas encaramadas a lo largo de los parapetos parecían mirarlo de reojo, sus rostros de piedra congelados en expresiones grotescas. Las paredes estaban cubiertas de hiedra, pero ninguna señal de vida se movía en su interior. Heinrich ajustó su mochila, sintiendo el reconfortante peso de sus cuadernos y las pocas reliquias que había traído para su investigación.
Con una respiración profunda, golpeó las puertas con el picaporte de hierro. El sonido resonó huecamente, tragado por la penumbra circundante. Momentos después, las puertas se abrieron con un chirrido lo suficiente como para revelar a una anciana sosteniendo una linterna.
—¿Está perdido? —preguntó ella, su voz teñida de sospecha.
—He venido a estudiar el castillo —respondió Heinrich—. No tengo malas intenciones. Me llamo Heinrich Krauss.
La mujer vaciló, su linterna proyectando sombras parpadeantes sobre su rostro envejecido.
—Pocos vienen aquí voluntariamente. Debe ser muy valiente o muy necio.
# Capítulo Dos: La Historia de Eschtheim
Dentro, el castillo era un laberinto de corredores oscuros y altos arcos de piedra. Greta, la encargada, guió a Heinrich hacia una pequeña sala con un fuego rugiente. Le sirvió una taza de té humeante antes de sentarse frente a él. Sus ojos cautelosos lo estudiaron mientras hablaba del pasado problemático del castillo.
—El último Barón de Eschtheim, Aldrich von Eschtheim, era un hombre ambicioso —comenzó—. Buscaba un poder más allá de lo natural. Dicen que recurrió a rituales prohibidos: alquimia, nigromancia, cosas que enfurecieron tanto a la Iglesia como a los cielos.
Greta explicó que los experimentos de Aldrich estaban dirigidos a lograr la inmortalidad. En su arrogancia, desató una maldición sobre su linaje y el propio castillo. La muerte del Barón no trajo paz, sino que ató su alma —y las de sus descendientes— al castillo.
—Ahora, ninguna alma dentro de estos muros puede encontrar descanso.
La curiosidad de Heinrich creció con cada palabra.
—¿Y el Velo? —preguntó.
—El Velo es la manifestación de la maldición —dijo Greta, su voz bajando a un susurro—. Separa este castillo del mundo exterior, convirtiendo el día en un crepúsculo perpetuo. Se dice que el Velo se fortalece con cada año que pasa.
# Capítulo Tres: El Diario del Barón
Heinrich no perdió tiempo y se sumergió en la extensa biblioteca del castillo. El polvo cubría cada superficie y el aroma del pergamino antiguo llenaba el aire. Después de horas de búsqueda, descubrió un diario extenso escondido detrás de un panel falso en una de las estanterías. Estaba encuadernado en cuero negro, con el nombre de Aldrich grabado en la portada.

El diario detallaba el descenso de Aldrich hacia la obsesión. Página tras página narraba sus experimentos en alquimia, los sacrificios que realizaba y los símbolos que tallaba en las paredes del castillo para canalizar poderes de otros mundos. Un pasaje llamó la atención de Heinrich:
—La gema es la llave. El Velo se mantendrá solo mientras la gema permanezca dentro del mosaico. Cuidado con el guardián; no permitirá interferencias.
El pulso de Heinrich se aceleró. La gema mencionada en el diario podría ser el artefacto que anclaba la maldición. Si lograba localizarla y retirarla, quizá la maldición pudiera deshacerse.
# Capítulo Cuatro: Susurros en las Sombras
Cuanto más profundo se adentraba Heinrich en el castillo, más opresiva se volvía la atmósfera. El aire adquiría mayor frialdad y las sombras parecían retorcerse y estirarse de manera antinatural. A veces, Heinrich pensaba oír voces: un susurro leve que se volvía más fuerte al acercarse a ciertas habitaciones. Greta le advirtió que no se alejara demasiado, pero su sed de conocimiento lo impulsaba a seguir adelante.
En una cámara, descubrió un espejo ornamentado cubierto con un paño negro. Al quitar el paño, no vio su propio reflejo, sino una imagen fugaz de Aldrich, su rostro torcido de rabia. Sobresaltado, Heinrich tropezó hacia atrás, solo para encontrar el espejo destrozado y la habitación vacía.
# Capítulo Cinco: El Corazón del Castillo
En el centro del castillo, Heinrich encontró un gran salón diferente a cualquier otro que hubiera visto antes. El techo se elevaba de manera imposible, adornado con frescos de seres celestiales y monstruos infernales en combate. En el centro de la sala había un mosaico, intrincadamente diseñado con círculos concéntricos de símbolos arcanos.

En el corazón del mosaico descansaba la gema: un brillante zafiro que parecía latir con vida propia. Heinrich se acercó, el aire a su alrededor chisporroteando con energía. Extendió la mano, pero dudó, recordando la advertencia del diario. Si tomaba la gema, sin duda enfrentaría al guardián.
La sala tembló y un gruñido bajo resonó por los pasillos. Una figura emergió de las sombras: una espectro imponente envuelto en oscuridad. Su forma era insustancial, pero su presencia era asfixiante. Sus ojos ardían como brasas mientras fijaban la mirada en Heinrich.
# Capítulo Seis: Una Lucha Desesperada
El espectro se lanzó hacia él, sus garras cortando el aire con precisión letal. Heinrich apenas esquivó, agarrando la gema mientras corría hacia la salida más cercana. El castillo parecía cobrar vida, sus puertas cerrándose de golpe y sus corredores retorciéndose en un laberinto.
El espectro lo perseguía sin descanso, sus gritos sobrenaturales reverberando por las paredes. El corazón de Heinrich latía con fuerza mientras tropezaba en la biblioteca, derribando una estantería para bloquear la puerta. Pero sabía que era solo cuestión de tiempo antes de que el espectro lo encontrara de nuevo.
Desesperado, hojeó el diario de Aldrich, buscando el ritual necesario para desterrar la maldición. El texto era críptico, pero Heinrich logró descifrar lo suficiente como para entender que la gema debía colocarse de nuevo en el mosaico durante una invocación específica.
# Capítulo Siete: Rompiendo la Maldición
Regresando al gran salón, Heinrich encontró al espectro esperándolo. Su forma era menos estable ahora, parpadeando como si la retirada de la gema lo hubiera debilitado. Reuniendo todo su coraje, Heinrich comenzó la invocación, su voz firme a pesar de los desgarradores chillidos del espectro.

La gema brilló con luz mientras Heinrich la colocaba de nuevo en el mosaico. El castillo tembló violentamente y el Velo comenzó a disolverse. El espectro dejó escapar un último grito agonizante antes de desvanecerse en el éter.
Al amanecer sobre las colinas bávaras, los primeros rayos de sol penetraron las ventanas del castillo. La atmósfera opresiva se levantó, reemplazada por un silencio sereno. Heinrich quedó solo en el gran salón, la gema ahora inerte y la maldición rota.
# Epílogo: El Legado del Erudito
En los años que siguieron, Heinrich escribió un relato detallado de sus experiencias, asegurándose de que la historia del Castillo de Eschtheim no fuera olvidada. El castillo, ahora una ruina, se convirtió en un lugar de peregrinación para aquellos fascinados por su oscura historia.
Aunque Heinrich nunca regresó a Eschtheim, llevaba su legado consigo. En su corazón, sabía que, aunque la maldición había sido levantada, las sombras del pasado siempre permanecerían en los salones del castillo.