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El Krampus de Linz
A chilling winter night in Linz, Austria. While festive Christmas lights illuminate the city, a shadowy, horned figure watches from a rooftop, an ominous presence lurking in the mist.

Acerca de la historia: El Krampus de Linz es un Fable de austria ambientado en el Contemporary. Este relato Descriptive explora temas de Good vs. Evil y es adecuado para Young. Ofrece Cultural perspectivas. En Linz, el Krampus es más que un mito: ha regresado para reclamar lo que es suyo.

La gente de Linz les dice a sus hijos que se porten bien, que escuchen a sus padres, que respeten a sus mayores. No solo porque sea lo correcto, sino porque siempre alguien—o algo—está observando.

Es una creencia antigua, envuelta en las tradiciones de la Navidad, en los campanilleos de San Nicolás y el resplandor festivo de las luces navideñas. Pero bajo esa calidez yace una leyenda más oscura, una presencia que acecha en las profundas noches de diciembre.

El Krampus.

A diferencia de San Nicolás, que recompensa a los buenos, el Krampus es una criatura de retribución. Es una bestia de pelo enmarañado y cuernos retorcidos, con una sonrisa que se extiende demasiado y un saco colgado de su hombro—no para regalos, sino para niños robados.

La mayoría lo considera un mito, un cuento susurrado para evitar que los pequeños se porten mal. Pero no todos creen que sea solo una historia.

Y un invierno, en la ciudad de Linz, el Krampus se hizo realidad.

La Escarcha Llega Temprano

Diciembre llegó con un frío implacable. La nieve había arribado antes de tiempo, cubriendo los tejados y congelando el Danubio en una lámina sólida y reluciente. El mercado navideño ya debería estar bullicioso, lleno de calidez y vida, pero algo era diferente este año.

La gente hablaba en tonos bajos. Las calles se vaciaban temprano. Había una inquietud en el aire, densa como la escarcha que cubría las ventanas.

Maria Seidel lo sintió también. Como periodista de *Linzer Nachrichten*, había cubierto su buena parte de historias locales extrañas—festivales de folklore, avistamientos inexplicables, la ocasional persona desaparecida. Pero nunca antes había encontrado una historia como esta.

Todo comenzó con un niño, Lukas Vogl, que desapareció camino a visitar a un amigo. Tenía siete años. Luego un panadero, el señor Bauer, un anciano que había vivido en Linz toda su vida y nunca había dejado su tienda desatendida—hasta la noche que lo hizo.

Luego una adolescente.

Tres desapariciones en una semana. Sin señales de lucha. Sin huellas que llevaran lejos.

¿Y la única pista? Los susurros de quienes habían escuchado algo antinatural.

El rasguño de garras sobre adoquines. El lejano clangor de cadenas. Una respiración profunda y gruñona que se llevaba el viento.

Maria no era del tipo que creía en leyendas. Pero reconocía el miedo cuando lo veía. Y la gente de Linz tenía miedo.

Festival vibrante de Krampuslauf en Linz, Austria, con figuras de Krampus disfrazadas desfilando entre una multitud iluminada por antorchas.
El festival Krampuslauf en Linz provoca tanto emoción como miedo, ya que figuras disfrazadas desfilan por la plaza del pueblo, sacudiendo cadenas y asustando juguetonamente a los espectadores.

El Krampuslauf

La noche del Krampuslauf se suponía que era un tiempo de festividad. Una noche en que hombres disfrazados corrían por las calles como bestias con cuernos, deleitando y aterrorizando a los niños por igual. Una tradición destinada a mantener viva la leyenda.

Pero este año, algo se sentía mal.

Maria estaba en la Hauptplatz, con la cámara colgada al cuello, observando cómo el desfile se abría paso por la plaza. Las figuras del Krampus pasaban furiosas, con máscaras grotescas y movimientos salvajes y frenéticos.

Había crecido con esta tradición. Se había reído de niña cuando sacudían sus cadenas, había chillado de terror fingido cuando la perseguían. Pero esta noche, el miedo en el aire no era fingido.

Era real.

Y entonces el primer grito rasgó la multitud.

No una risita infantil. No un chillido juguetón.

Un grito crudo y desgarrador de terror.

Maria se volvió, con la cámara ya en sus manos, y vio a una mujer colapsar, señalando hacia los tejados.

Su aliento se le quedó en la garganta.

En el borde de un edificio, silhoueteado contra la luz del fuego, estaba una figura demasiado alta, demasiado encorvada, demasiado extraña para ser un hombre disfrazado.

Cuernos rizados como los de un carnero. Una gruesa y enmarañada capa de pelo cubría su cuerpo. Sus ojos brillaban, reflejando la luz de las antorchas como los de un animal.

No un hombre.

No una máscara.

Algo más.

Luego, en el parpadeo de un instante, desapareció.

Una figura sombría de Krampus, con ojos resplandecientes y cuernos, se encuentra encaramada en un tejado de Linz, observando a los asustados asistentes del festival que se encuentran abajo.
Alto sobre la ciudad, una figura ominosa se posa en la azotea, sus ojos brillantes atravesando la niebla mientras la multitud del festival abajo percibe que algo está terriblemente mal.

Comienza la Caza

A la mañana siguiente, las manos de Maria aún temblaban al verter su café.

La fotografía reposaba en su escritorio. Borrosa pero inconfundible. Una figura enorme, monstruosa y real.

Necesitaba respuestas.

Las encontró en un lugar al que pocos miraban—en los archivos de los antiguos registros de la ciudad, enterrados bajo siglos de polvo y abandono. No era la primera en perseguir esta leyenda. El nombre *Krampus* aparecía una y otra vez, no solo en cuentos populares sino en informes policiales.

Desapariciones extrañas. Avistamientos inexplicables.

Pero un documento destacaba. Una confesión—el relato de un sacerdote de hace casi dos siglos.

*"Hicimos un pacto,"* decía. *"Para que el pueblo sobreviviera, tuvimos que darle lo que exigía. Los malvados. Los no deseados. Pero cuando intentamos engañarlo—cuando tomamos a los inocentes en su lugar—juró que nunca nos perdonaría. Que volvería."*

Maria sintió el peso de esas palabras presionando su pecho.

El Krampus no era una mera leyenda.

Era parte del pasado de la ciudad.

Y ahora, era parte de su presente.

Sala de archivo débilmente iluminada en Linz, Austria, donde Maria Seidel examina antiguos manuscritos sobre la leyenda del Krampus a la luz de las velas.
En medio de pilas de libros antiguos y la luz de las velas, María Seidel descubre una confesión de hace siglos: evidencia de un pacto olvidado con el Krampus.

La Última Noche del Invierno

Maria sabía que solo había una manera de detenerlo.

Los registros hablaban de una forma de romper el ciclo. Una oportunidad para deshacer lo que se había hecho.

El Krampus estaba cazando. Y ella tenía que encontrar su próximo objetivo antes de que lo hiciera él.

La búsqueda la llevó a las afueras abandonadas de la ciudad, donde el viento aullaba entre callejones vacíos y la nieve había permanecido intacta por mucho tiempo.

Entonces lo vio.

Lukas.

El niño desaparecido, acurrucado en la nieve, con los ojos llenos de terror.

Y detrás de él—elevándose en la oscuridad—el Krampus.

Una ola de puro pánico animal inundó a Maria. El aliento de la bestia hervía en el aire frío, sus dedos flexionándose, afilados y negros como garras.

No tenía armas. Ni un plan.

Solo su cámara.

Con el corazón palpitando, la levantó.

Presionó el botón.

El destello explotó en la noche—cegador, de un blanco abrasador.

El Krampus retrocedió con un gruñido, su forma parpadeando como una sombra atrapada entre mundos.

Maria avanzó de golpe, agarrando a Lukas, sus piernas moviéndose antes de que pudiera pensar.

Corrió.

Por las calles vacías, por la oscuridad congelada, hasta que las luces de Linz los rodearon una vez más.

No miró atrás.

Para cuando llegaron a la plaza del pueblo, él había desaparecido.

La maldición, al fin, estaba rota.

Epílogo

Las desapariciones cesaron. La ciudad despertó de su pesadilla.

Pero Maria todavía sueña con él.

Con cuernos rizados en la oscuridad. Con cadenas que traquetean justo más allá de la vista.

Y en las noches más frías, cuando el viento aúlla por Linz…

Jura que escucha un susurro.

"Aún no."

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