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Acerca de la historia: El Misterio de Coconut Grove es un Historical Fiction de saint-lucia ambientado en el 20th-century. Este relato Dramatic explora temas de Justice y es adecuado para Adults. Ofrece Educational perspectivas. Un periodista descubre un mortal misterio en una plantación caribeña abandonada donde el pasado se niega a descansar.
El sol caribeño se cernía bajo sobre Santa Lucía, proyectando rayos dorados sobre las interminables aguas azules. La isla era un paraíso, conocida por sus selvas tropicales, picos volcánicos y playas de arena blanca. Pero bajo su pintoresca belleza, se escondían oscuros secretos, esperando ser desenterrados.
Coconut Grove, una plantación abandonada cerca de Soufrière, se había convertido en una especie de leyenda entre los lugareños. En 1973, la adinerada familia Duval desapareció sin dejar rastro. Su casa, otrora llena de vida, permanecía congelada en el tiempo: las puertas se mecían con la brisa, los muebles cubiertos de polvo, los susurros del pasado llevados por las palmeras que susurraban.
El periodista Daniel Cross había pasado años persiguiendo misterios sin resolver, y este lo tenía atormentado desde hacía meses. ¿Qué les pasó a los Duval aquella noche? ¿Por qué nunca encontraron sus cuerpos? ¿Y por qué los lugareños evitaban el área, afirmando que estaba maldita?
Decidido a descubrir la verdad, Daniel bajó del ferry en Soufrière, con su maleta colgada al hombro. No estaba allí solo para escribir una historia. Estaba allí para resolver un misterio que había permanecido enterrado durante cincuenta años.
Daniel había leído todos los artículos que pudo encontrar sobre Coconut Grove. Habló con oficiales retirados, revisó antiguos informes policiales e incluso contactó a parientes lejanos de los Duval. Pero nadie tenía respuestas, solo teorías. Algunos creían que la familia había sido asesinada por contrabandistas, otros susurraban sobre espíritus vengativos. Algunos pocos pensaban que simplemente habían huido, escapando de algún terror desconocido en plena noche. Pero Daniel no era partidario de las historias de fantasmas. Creía en la evidencia, los hechos y las verdades duras. Al acercarse a la plantación abandonada, una ola de inquietud lo invadió. La entrada estaba cubierta de enredaderas, la verja de hierro forjado colgaba de sus bisagras. La casa se alzaba adelante, sus paredes blancas, antes grandiosas, ahora agrietadas y manchadas. Respiró hondo y entró. El aire dentro estaba denso con polvo y descomposición. Los muebles permanecían congelados en el tiempo, cubiertos con sábanas blancas como fantasmas olvidados. Un candelabro roto colgaba del techo, balanceándose ligeramente. Entonces lo escuchó. Un susurro. *"Deja este lugar."* Daniel se giró bruscamente, con el corazón latiendo a mil por hora. Pero no había nadie. Solo la quietud de la casa vacía. Exhaló bruscamente, sacudiendo la cabeza. Solo era el viento. O su imaginación. No iba a dejarse asustar tan fácilmente. Tenía un misterio que resolver. Daniel recorrió la casa con cuidado, tomando fotos y anotando notas. Necesitaba algo, cualquier cosa, que le diera una pista sobre lo que había pasado allí. En el estudio, un enorme escritorio de caoba estaba cubierto de polvo. Revolvió los cajones, encontrando viejas cartas, recibos, fotografías descoloridas. Pero luego, escondido entre las páginas de un libro desmoronado, lo encontró. Un diario encuadernado en cuero. El nombre Marguerite Duval estaba embossado en oro en la portada. Su pulso se aceleró al abrirlo, las páginas delicadas bajo sus dedos. *"Algo está mal. Escucho susurros por la noche. Madre dice que estoy imaginando cosas, pero sé lo que escuché. Las paredes no están en silencio."* Daniel frunció el ceño. Pasó las páginas. *"Padre tuvo otro visitante hoy. Un hombre con ropa oscura. Discutieron. Habló de deudas, de cosas que no deberían hablarse. Creo que estamos en peligro."* Un fuerte *golpe* resonó desde el piso de arriba. Daniel se congeló. Alguien estaba en la casa. Se movió con cautela, sus pasos silenciosos sobre el polvoriento suelo de madera. La escalera crujía mientras ascendía, la respiración contenida en su pecho. Una puerta al final del pasillo estaba ligeramente abierta. La empujó más allá. Dentro, la habitación estaba vacía excepto por una vieja cama y una mecedora de madera. Pero la silla se movía. Lentamente. De un lado a otro. La piel de Daniel se erizó. Dio un paso adelante y su pie aterrizó sobre algo duro. Miró hacia abajo. Una llave oxidada. La recogió, el metal frío en su palma. ¿Qué había desbloqueado esto? Luego notó la escritura en la pared. Rascada en la madera, apenas visible. *"Encuentra el sótano. Encuentra la verdad."* Un escalofrío recorrió su columna vertebral. Marguerite había dejado este mensaje. Pero, ¿para quién? Le tomó a Daniel una hora encontrar la entrada al sótano. Oculta bajo una tabla suelta del suelo en el estudio, la trampilla crujió al abrirla. Un olor a humedad y moho surgió de la oscuridad de abajo. Descendió con cuidado, su linterna cortando la penumbra. El sótano era pequeño, con paredes de piedra. En el centro descansaba un viejo cofre de madera. Se arrodilló junto a él, usando la llave que había encontrado arriba. El cerrojo hizo clic al abrirse. Dentro había un montón de monedas de oro, envueltas en tela. Pero había otra cosa: un sobre viejo, amarillento por el paso del tiempo. Lo abrió, con las manos temblorosas. Era una carta. *"Si estás leyendo esto, debes conocer la verdad. Mi padre hizo un trato con hombres peligrosos. Querían el oro, pero querían más. Vinieron en la noche, exigiendo su pago. Cuando mi padre se negó, se llevaron todo de nosotros."* Daniel tragó saliva. *"Los mataron a todos. Me escondí. Pero no escaparé. Si mi espíritu permanece, que sea una advertencia. El pasado no descansa. Y los muertos no olvidan."* Un ruido detrás de él. Aliento en su cuello. Se volvió. Y la luz se apagó. Daniel tropezó hacia atrás, el corazón golpeando contra sus costillas. Buscó su linterna con torpeza, la oscuridad asfixiante. El susurro volvió. *"No deberías estar aquí."* La trampilla de arriba se cerró de golpe. Daniel corrió hacia la pared más alejada, pasando las manos sobre la piedra. Tenía que haber otra salida. Entonces lo sintió: una abertura, un túnel estrecho que se alejaba del sótano. Sin dudarlo, se sumergió en él, arrastrándose por el pasaje húmedo y asfixiante. Detrás de él, pasos. Pesados. Aproximándose. Se agitó más rápido. Sus manos golpearon el aire libremente. Emergió en la jungla, jadeando por aire. Coconut Grove se alzaba detrás de él, oscura y silenciosa. Pero no esperó. Corrió, el fantasma de Marguerite Duval susurrándole al oído. De vuelta en Castries, Daniel estaba sentado en un café tenuemente iluminado, el diario y los documentos esparcidos delante de él. Tenía la prueba que necesitaba. Los Duval fueron asesinados por su oro. Sus asesinos enterraron la verdad, y sus espíritus permanecieron atrapados en esa casa, esperando que alguien la descubriera. Publicó su historia al día siguiente. Y Coconut Grove nunca volvió a ser la misma. Los turistas venían, atraídos por la leyenda. Pero algunos nunca pasaban la noche. Porque incluso ahora, si escuchas atentamente, aún puedes oír los susurros. Y si miras en la oscuridad el tiempo suficiente… Podrías ver a Marguerite observando. Esperando. Por la verdad para finalmente liberarla. Meses después, Daniel recibió una carta. Sin dirección de retorno. Solo una frase. *"No se suponía que debías saber."* La miró por mucho tiempo. Luego empacó sus maletas. Porque algunas historias no terminan cuando se escribe la última palabra. Algunos misterios se niegan a morir. Y él acababa de convertirse en parte de uno.El Acecho de Coconut Grove
El Diario Oculto
La Sombra en el Pasillo
Debajo de la Casa
La Huida
La Verdad Expuesta
Epílogo: El Misterio Nunca Termina
Fin.