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Alan Bean y los Cuatro Más
The moment Steve Wong reveals his ambitious Moon mission plans to his friends in a suburban backyard, under the starry sky. They sit around a table cluttered with engineering tools, listening with a mix of curiosity and disbelief as the adventure begins.

Acerca de la historia: Alan Bean y los Cuatro Más es un Science Fiction de united-states ambientado en el Contemporary. Este relato Humorous explora temas de Perseverance y es adecuado para Adults. Ofrece Entertaining perspectivas. Una atrevida misión lunar en el patio trasero convierte a cuatro soñadores en exploradores del espacio.

El año es 2013. Un cuarteto de soñadores —Steve Wong, Zack, Natasha y el narrador— se sientan en el patio trasero de Steve y traman casualmente su misión a la Luna. Al principio, es una idea descabellada, un sueño imposible, pero Steve Wong no es un soñador común. Como ingeniero y genio aficionado, Steve tiene la reputación de abordar lo impensable. Esta vez, su ambición supera cualquier expectativa: quiere construir una nave espacial, volar a la Luna y aterrizar donde Alan Bean, el cuarto hombre en la Luna, dejó sus huellas.

La historia se desarrolla como una aventura anclada en el mundo real, impulsada por una combinación de humor y reverencia por la era de la exploración espacial. La misión a la Luna es más que una fantasía escapista; es un testimonio de la ambición humana, la camaradería y el deseo de superar los límites. Sin embargo, los riesgos son muy reales, y mientras trabajan en su plan, los personajes enfrentan dilemas, decisiones y más de un obstáculo en el camino.

Soñadores con una Misión

Todo comenzó en una clara noche de otoño en el patio trasero de Steve Wong. La noche estaba quieta y las estrellas brillaban arriba como pequeños recordatorios de la inmensidad más allá. Steve, Zack, Natasha y yo nos habíamos reunido para lo que comenzó como una tarde común de pasar el rato, tomar unas cervezas e intercambiar historias. La idea de ir a la Luna surgió de la nada, como el remate de una broma que ninguno de nosotros esperaba.

—Entonces, ¿por qué no vamos a la Luna? —dijo Steve, con los ojos brillando de esa mezcla peligrosa de genialidad y locura que siempre lo acompañaba.

Todos nos reímos al principio, pero la cara de Steve no cambió. Estaba serio. Totalmente serio.

—La tecnología existe. Tenemos el conocimiento. ¿Por qué no nosotros? —continuó Steve.

Natasha, siempre la más práctica del grupo, cruzó los brazos y le dio una mirada de reojo. —Steve, esto no es uno de tus proyectos de patio trasero. Esto es la Luna. La NASA va a la Luna. Nosotros somos solo... nosotros.

—¿Y si les digo que he estado trabajando en ello? —replicó Steve, sacando su laptop y mostrándonos lo que parecían planos de un cohete.

Zack, siempre el curioso, se inclinó hacia adelante, entrecerrando los ojos mirando la pantalla. —Espera. ¿Hablas en serio sobre esto?

—Totalmente serio —respondió Steve.

No necesitábamos mucha más convicción. La determinación de Steve tenía la manera de atraer a la gente, y el resto de nosotros, quizás en contra de nuestro mejor juicio, estábamos más que dispuestos a dejarnos llevar. En las semanas siguientes, nos encontramos sumergidos en los planes. Steve ya había estado trabajando en la construcción de una nave espacial en su garaje, un proyecto paralelo que era más secreto de lo que nos habíamos dado cuenta. Estaba seguro de que, con un poco de ayuda, podría convertir el sueño en realidad.

Construyendo lo Imposible

Un grupo de amigos trabaja en un garaje, soldando y construyendo el armazón de una nave espacial, rodeados de herramientas y planos.
Los amigos trabajan intensamente en un garaje desordenado, construyendo la estructura de la nave espacial y revisando los planos mientras la misión toma forma.

Construir una nave espacial no fue fácil, pero Steve tenía conexiones. Conocía gente de su tiempo en Silicon Valley, ingenieros y científicos que podían ayudar, y no tenía reparos en pedir favores. Los siguientes meses fueron un torbellino de hazañas de ingeniería, contratiempos y avances. Zack se encargó de la logística, Natasha se ocupó de los protocolos de seguridad y yo, bueno, traté de mantener a todos cuerdos.

—No puedo creer que estemos haciendo esto —dije una tarde mientras estábamos en el garaje de Steve, observando cómo se ensamblaba el esqueleto de nuestra nave espacial.

—Está sucediendo —respondió Steve con confianza—. Este es nuestro gran salto a la Luna.

La nave, que Steve nombró *Bean One* en honor al astronauta Alan Bean, comenzó a tomar forma. No era del nivel de la NASA, pero era funcional. La cabina era pequeña, diseñada para cuatro personas, y el diseño era básico pero eficiente. Las conexiones de Steve proporcionaron componentes cruciales: sistemas de guía, controles de presión y suficiente hardware para rivalizar con una misión espacial a pequeña escala.

El proyecto cobró vida propia. Pasamos horas y horas ajustando sistemas, realizando pruebas y soñando con lo que sería realmente estar en la superficie lunar. La idea parecía imposible en ocasiones, pero el optimismo de Steve era contagioso.

El Comienzo del Viaje

Una nave espacial hecha en casa despega en el desierto de Nevada mientras cuatro amigos la observan desde una distancia, vestidos con trajes espaciales.
La nave espacial hecha en casa despega en el desierto de Nevada, mientras los cuatro amigos observan el lanzamiento ardiente, vestidos con trajes espaciales improvisados.

Finalmente llegó el día en que *Bean One* estaba lista para el lanzamiento. Hicimos todos los arreglos necesarios, o al menos tantos como pudimos. Steve había logrado mantener toda la misión bajo el radar, y nadie parecía creer que un grupo de aficionados pudiera lograrlo.

Nuestro sitio de lanzamiento estaba en medio del desierto de Nevada, un lugar tan remoto como pudimos encontrar. Había una tensión tranquila en el aire mientras nos poníamos los trajes. Ninguno de nosotros hablaba mucho, pero el peso del momento era evidente.

—No puedo creer que estemos haciendo esto —murmuró Zack por centésima vez mientras se subía a la cabina.

—Créelo —dijo Steve con una sonrisa, abrochándose el cinturón junto a Zack. Natasha y yo seguimos, y pronto la puerta de la cabina quedó sellada.

La voz de Steve crackleó por el intercomunicador. —Bien, chicos. Vamos a la Luna.

Los motores rugieron a la vida y, antes de darnos cuenta, estábamos despegando, acelerando a través de la atmósfera a una velocidad alarmante. La fuerza del lanzamiento nos presionaba contra nuestros asientos, pero la euforia era innegable. Esto era, íbamos al espacio.

Rumbo al Espacio

Una vez que escapamos de la atracción gravitatoria de la Tierra, todo se sintió irreal. Flotábamos en gravedad cero, maravillándonos ante la inmensidad del espacio más allá de la ventana de la cabina. La Tierra parecía una canica brillante a lo lejos, y la Luna se perfilaba adelante, su superficie marcada por cráteres y misterios aún por descubrir.

Natasha fue la primera en romper el silencio. —Esto es una locura. Quiero decir... miren esto.

Zack dejó escapar un silbido bajo. —No puedo creer que realmente lo hayamos logrado.

Pero a medida que la emoción inicial se desvanecía, la realidad de nuestra situación se hacía presente. Estábamos solos en el vacío del espacio, viajando a un lugar que solo unos pocos astronautas habían visitado. La enormidad de nuestra misión nos golpeó, y por un momento, ninguno de nosotros sabía qué decir.

Steve, siempre el optimista, rompió el silencio. —Esto es de lo que se trata, chicos. Estamos haciendo algo increíble aquí.

Y efectivamente, lo era. Pasamos las siguientes horas ajustando nuestro rumbo y monitoreando los sistemas de la nave. Todo estaba yendo según el plan, pero había una tensión tácita que persistía en el aire. Todos conocíamos los riesgos. Un error, una falla, y todo podría acabarse.

El Aterrizaje en la Luna

Cuatro amigos están de pie en la superficie de la Luna, junto a una bandera plantada, contemplando la Tierra en el cielo distante.
Los amigos se encuentran triunfantes en la polvorienta superficie de la Luna, habiendo plantado su bandera y mirando con asombro la Tierra que brilla en el cielo arriba.

Al acercarnos a la Luna, la anticipación en la cabina era palpable. Habíamos ensayado la secuencia de aterrizaje docenas de veces, pero ahora que el momento llegaba, todo se sentía surrealista.

Steve guió la nave hacia la superficie, con las manos firmes en los controles. El paisaje lunar se acercaba cada vez más y pronto pudimos distinguir los cráteres y el terreno rocoso abajo.

—Estable... estable... —murmuró Steve bajo su aliento mientras los sistemas de aterrizaje de la nave se desplegaban.

Con un suave golpe, aterrizamos en la superficie de la Luna. Por un momento, ninguno de nosotros habló. Lo habíamos logrado. Aterrizamos en la Luna.

Steve fue el primero en desabrochar su arnés y dirigirse a la escotilla. —Vamos a hacer historia.

Uno por uno, lo seguimos, pisando la superficie lunar con nuestros pesados trajes espaciales. El suelo bajo nosotros era suave, como tiza en polvo, y el cielo arriba era un vacío negro tapado de estrellas.

—No puedo creer que estemos aquí —dijo Zack, su voz sonando por las comunicaciones.

—Créelo —respondió Steve con una sonrisa—. Somos los primeros civiles en hacer esto.

El Legado de Alan Bean

Dentro de una nave espacial, cuatro amigos se preparan para el reingreso mientras el resplandor ígneo de la atmósfera terrestre ilumina las ventanas de la cabina.
Dentro de la nave espacial, los amigos se preparan para la reentrada, tensos pero concentrados mientras el resplandor de la atmósfera terrestre llena la cabina.

Mientras caminábamos por la superficie lunar, no podíamos evitar pensar en los astronautas que nos habían precedido. Alan Bean, el cuarto hombre en la Luna, había dejado sus huellas en este mismo lugar. De alguna manera, estábamos siguiendo sus pasos, continuando su legado de exploración y descubrimiento.

—Esto es para ti, Alan —dijo Steve en voz baja mientras plantaba nuestra bandera improvisada en el suelo.

La bandera no era mucho, solo un simple trozo de tela que habíamos diseñado con un logo de nuestra propia creación. Pero representaba algo más que una misión exitosa. Era un símbolo de la ambición humana, de la idea de que cualquiera, sin importar quién sea, puede lograr lo imposible si se lo propone.

Pasamos las siguientes horas explorando, recogiendo muestras y contemplando la vista. La Tierra colgaba en el cielo sobre nosotros como un sueño lejano, y por un momento, nos sentimos verdaderamente conectados con el universo de una manera difícil de describir.

Regreso a Casa

Eventualmente, llegó el momento de irse. Nuestra misión estaba completa y era hora de regresar a la Tierra. El viaje de regreso fue agridulce. Habíamos logrado algo increíble, pero también sabíamos que la vida en la Tierra nunca volvería a sentirse igual. Habíamos visto la Luna con nuestros propios ojos, estado en su superficie y dejado nuestra marca. Pero ahora, era hora de volver a la rutina diaria.

Mientras reentrábamos en la atmósfera terrestre y descendíamos hacia el desierto de Nevada, una sensación de logro nos invadió. Lo habíamos logrado. Íbamos a la Luna.

La voz de Steve crackleó por el intercomunicador por última vez. —Bienvenidos de nuevo, todos. Estamos en casa.

Epílogo: ¿Qué Sigue?

La misión había terminado, pero los recuerdos durarían toda la vida. Habíamos hecho algo que la mayoría de las personas solo podían soñar. Pero mientras estábamos nuevamente en el patio trasero de Steve, disfrutando del resplandor de nuestro logro, no pude evitar preguntarme qué vendría después.

Steve sonrió, mirando hacia las estrellas. —Sabes, Marte no está tan lejos.

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