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Acerca de la historia: Un pueblo después de anochecer es un Realistic Fiction de united-kingdom ambientado en el Contemporary. Este relato Dramatic explora temas de Redemption y es adecuado para Adults. Ofrece Moral perspectivas. Un hombre regresa a un pueblo inquietantemente familiar y se enfrenta a los secretos que intentó olvidar.
El Camino al Pueblo
El camino que conducía al pueblo era estrecho y estaba cubierto de hierbas silvestres, apenas distinguible del paisaje circundante. Fletcher caminaba por él, sintiéndose desorientado, como si emergiera de un largo y oscuro sueño. El aire nocturno era fresco y el cielo estaba cargado de nubes, bloqueando las estrellas. Había estado caminando durante horas, al parecer, con solo una vaga intuición de hacia dónde se dirigía, confiando en fragmentos de memoria para guiarlo.
Había algo familiar en este lugar, aunque no lograba precisar qué era. Los árboles que bordeaban el camino tenían una cualidad opresiva, sus ramas colgaban bajas como si estuvieran cargadas de algo invisible. Sus pasos apenas hacían ruido sobre el sendero de tierra, y el silencio que impregnaba el aire era inquietante. Sentía como si fuera la única persona en el mundo.
Al acercarse al pueblo, notó que las formas de las casas comenzaban a hacerse visibles en la oscuridad, dispersas y silenciosas. Ninguna luz brillaba desde las ventanas y no se escuchaba ningún sonido de vida desde el interior. Estaba seguro de haber estado aquí antes. Pero cuándo y bajo qué circunstancias no podía recordarlo. Sus recuerdos de este lugar eran borrosos, indefinidos, como sombras moviéndose justo más allá de su línea de visión.
Una figura apareció delante de él, permaneciendo inmóvil al borde del pueblo. A medida que Fletcher se acercaba, reconoció a la figura como la de un hombre, aunque sus rasgos estaban oscurecidos por las sombras. El hombre no se movió ni reconoció la aproximación de Fletcher, simplemente permaneció allí, observándolo. Fletcher dudó, sin saber si debía hablar, pero algo en él lo impulsó a avanzar.
—Buenas noches —dijo Fletcher, su voz sonando extraña para sus propios oídos en la quietud de la noche. El hombre permaneció en silencio, su mirada fija en Fletcher. Después de un momento, Fletcher continuó caminando, pasando junto al hombre sin decir otra palabra. Mientras caminaba, sentía que los ojos del hombre lo seguían, el peso de su mirada como una presencia física que lo presionaba.
Llegó al corazón del pueblo, una pequeña plaza con una fuente en el centro, aunque ahora no fluía agua de ella. Las casas alrededor de la plaza estaban oscuras y sin vida, sus ventanas como ojos vacíos mirando hacia la noche. Estaba seguro de haber estado aquí antes, pero no podía recordar por qué.
Fletcher se quedó en el centro de la plaza, girando lentamente en círculo, tratando de entender la extraña sensación de familiaridad y desorientación que lo carcomía. Era como si el propio pueblo fuera un ser vivo, observándolo, esperando a que hiciera un movimiento.
El Extranjero Regresa
Caminó por las estrechas calles, cada giro sintiéndose como un paso más profundo en un sueño. No había señales de vida, ni sonidos de conversaciones o actividades desde el interior de las casas. Era como si el pueblo hubiera sido abandonado, dejado atrás por sus habitantes hace mucho tiempo.
Al adentrarse en una calle lateral, divisó una luz a lo lejos, tenue pero inconfundible. Provenía de una casa al final de la calle, el único signo de vida que había visto desde su llegada. Aceleró el paso, atraído por la luz, ansioso por encontrar alguna indicación de que no estaba solo en este lugar.
La casa se destacaba entre las demás, sus ventanas brillando con una luz cálida y acogedora. Al acercarse, pudo oír el suave sonido de música proveniente del interior, las suaves notas de un piano tocando una melodía melancólica. Fletcher dudó en la puerta, sin saber si debía tocar o simplemente entrar. Después de un momento, tocó suavemente la madera, el sonido parecía increíblemente fuerte en la quietud de la noche.
La puerta se abrió casi de inmediato, y una mujer apareció ante él, su rostro parcialmente iluminado por la luz del interior. Lo miró con una mezcla de sorpresa y curiosidad.
—Fletcher —dijo ella, su voz calmada y serena, como si lo hubiera estado esperando—. Has regresado.
Fletcher parpadeó, sorprendido por su familiaridad. No recordaba haber conocido a esta mujer antes, sin embargo, ella pronunciaba su nombre como si fueran viejas conocidas.
—Yo... lo siento —balbuceó—, pero ¿te conozco?
La mujer sonrió débilmente, apartándose para dejarle entrar a la casa.
—Entra. No hay necesidad de estar afuera en el frío.
Dudó por un momento, luego cruzó el umbral, la calidez de la casa envolviéndolo como una manta. El interior era modesto pero acogedor, con un pequeño fuego crepitando en la chimenea y el suave resplandor de velas iluminando la habitación. La música continuaba sonando, aunque no podía ver su fuente.
La mujer cerró la puerta detrás de él e indicó que se sentara.
—Ha pasado mucho tiempo, Fletcher —dijo ella, su tono más melancólico ahora—. Me preguntaba si alguna vez regresarías.
Fletcher se sentó, su mente acelerada. ¿Quién era esta mujer? ¿Cómo lo conocía? ¿Y qué quería decir con "regresar"?
—No entiendo —dijo finalmente, su voz apenas un susurro—. No recuerdo este lugar. No te recuerdo.
La mujer sonrió tristemente y se sentó frente a él.
—Quizás sea lo mejor —dijo suavemente—. Hay cosas que todos preferiríamos olvidar.
Recuerdos y Ecos
Mientras estaban sentados en la cálida quietud de la habitación, Fletcher sintió que el peso del agotamiento se asentaba sobre él. La sensación de desorientación que lo había aquejado desde su llegada al pueblo comenzaba a dar paso a otra cosa: una inquietud profunda y perturbadora, como si estuviera al borde de recordar algo que había estado enterrado durante mucho tiempo.
La mujer lo observaba atentamente, su expresión inexpresiva. Después de un largo silencio, volvió a hablar.
—Dejaste este pueblo hace mucho tiempo —dijo, su voz apenas audible—. Pero algunas cosas nunca nos dejan, sin importar qué tan lejos vayamos.
Fletcher frunció el ceño, luchando por juntar los fragmentos de su memoria. Tenía una vaga sensación de haber vivido en este pueblo alguna vez, pero los detalles eran borrosos, como los restos de un sueño que se desvanece al despertar.
—No entiendo —repitió—. ¿Qué pasó aquí? ¿Por qué me fui?
La mujer bajó la mirada, su atención fija en el fuego.
—Te fuiste porque tenías que hacerlo —dijo después de un momento—. Había cosas que no podías enfrentar. Cosas que ninguno de nosotros podía enfrentar.
Fletcher se inclinó hacia adelante, su pulso acelerándose.
—¿Qué cosas? ¿De qué estás hablando?
Ella negó con la cabeza, su expresión triste y distante.
—Algunos recuerdos es mejor dejarlos enterrados, Fletcher. Pero el pasado tiene una manera de alcanzarnos, nos guste o no.
Sus palabras enviaron un escalofrío por su columna vertebral. Sentía como si estuviera a punto de entender algo, pero las piezas del rompecabezas seguían fuera de su alcance.
La Noche se Despliega
Fletcher permaneció en silencio, perdido en sus pensamientos mientras el fuego crepitaba suavemente en la chimenea. El peso de las palabras de la mujer pesaba en el aire y, por un momento, el único sonido era la música tenue que aún sonaba en algún lugar de la casa.
—¿Escuchas eso? —preguntó Fletcher, rompiendo el silencio.
La mujer levantó la vista, su expresión inexpresiva.
—¿La música? Sí, ha estado sonando desde que tengo memoria.
—¿De dónde viene? —preguntó, mirando alrededor de la habitación. No había señales de un piano ni de ningún otro instrumento.
La mujer sonrió levemente.
—Viene de la casa misma, supongo. O quizá del pasado. Siempre está ahí, recordándonos.
—¿Recordándonos qué?
No respondió, pero sus ojos mostraban una tristeza que parecía decir mucho sin palabras.
Fletcher se levantó de repente, sin poder deshacerse de la creciente inquietud que lo invadía.
—Necesito irme —dijo, dirigiéndose hacia la puerta.
La mujer lo observó partir sin protestar, su expresión resignada.
—Ten cuidado ahí fuera, Fletcher. El pueblo guarda más que solo recuerdos.
Fletcher salió al frío aire nocturno, la puerta cerrándose suavemente detrás de él. El pueblo permanecía quieto y silencioso una vez más, las casas oscuras y sin vida. Pero ahora, había una sensación de algo acechando en las sombras, algo observándolo.
Caminó rápidamente, sus pasos resonando de manera antinatural en las calles vacías. La sensación de familiaridad que lo había atormentado desde su llegada era más fuerte ahora, pero ya no resultaba reconfortante. En cambio, se sentía como una trampa, como si el propio pueblo lo estuviera absorbiendo, negándose a dejarlo partir.
La Verdad Revelada
Fletcher llegó al borde del pueblo, donde el camino estrecho conducía de nuevo a los oscuros bosques. Se detuvo por un momento, mirando hacia atrás las casas silenciosas que dejaba atrás. La figura del hombre que había pasado más temprano ya no estaba, pero la sensación de ser observado permanecía.
Respiró hondo y dio un paso hacia el camino, los árboles cerrándose a su alrededor. La oscuridad parecía más densa ahora, más opresiva, y tuvo que forzarse para seguir caminando. Su mente corría, intentando dar sentido a los extraños eventos de la noche, pero las respuestas seguían siendo elusivas.
De repente, una voz lo llamó desde las sombras.
—Fletcher.
Se congeló, con el corazón latiendo con fuerza en su pecho. La voz le resultaba familiar, pero no lograba ubicarla.
—Fletcher —la voz llamó de nuevo, ahora más cerca—. No puedes irte. No todavía.
Fletcher giró lentamente, sus ojos buscando en la oscuridad el origen de la voz. Pero no había nadie allí. Solo los árboles, sus ramas moviéndose suavemente con la brisa nocturna.
—¿Quién está ahí? —gritó, su voz temblando—. ¿Qué quieres?
La voz no respondió, pero una figura emergió de las sombras, alta e indistinta, como una silueta contra la oscuridad. Fletcher dio un paso atrás, su pulso acelerándose.
—No puedes irte —dijo de nuevo la figura—. No hasta que recuerdes.
—¿Recordar qué? —exigió Fletcher, su voz aumentando en pánico.
La figura se acercó, y a medida que lo hacía, la mente de Fletcher se inundó de imágenes: recuerdos del pueblo, de las personas que habían vivido allí, de cosas que hacía mucho tiempo que había olvidado. O quizás, cosas que él mismo había forzado a olvidar.
—Recuerda por qué te fuiste —susurró la figura, su voz resonando en su mente.
Fletcher retrocedió tambaleándose, abrumado por la avalancha de recuerdos. Recordó ahora: la razón por la que había dejado el pueblo, la razón por la que había intentado olvidar. Había algo terrible allí, algo que lo había alejado.
La Confrontación Final
El pueblo había sido maldito, asediado por algo oscuro y malévolo. Había cobrado la vida de muchos, y Fletcher había sido uno de los pocos en escapar. Pero ahora, parecía que el pueblo lo estaba llamando de vuelta, obligándolo a confrontar el pasado que había intentado olvidar con tanto esfuerzo.
—No puedes huir de ello —dijo la figura, su voz fría e impasible—. No puedes escapar del pasado.
Fletcher negó con la cabeza, alejándose de la figura.
—No —susurró, su voz temblando—. No volveré. No lo haré.
Pero incluso al pronunciar las palabras, sabía que eran inútiles. El pueblo tenía un control sobre él y no lo dejaría ir hasta que enfrentara la verdad.
La figura se acercó más, y Fletcher sintió un escalofrío recorrer su cuerpo mientras los recuerdos surgían una vez más. Había estado aquí antes, en este mismo lugar, de pie frente a esta misma figura. Y había tomado una decisión: una decisión de irse, de huir, de olvidar. Pero ahora, parecía que esa elección había vuelto para atormentarlo.
—No hay escape —dijo la figura, su voz apenas por encima de un susurro—. El pueblo nunca te dejará ir.
Fletcher cerró los ojos, su mente corriendo mientras intentaba encontrar una salida. Pero no había escape, no había manera de deshacer lo que se había hecho.
El Fin del Viaje
Con una súbita oleada de determinación, Fletcher abrió los ojos y dio un paso hacia adelante, hacia la figura.
—Entonces lo enfrentaré —dijo, su voz firme—. Enfrentaré lo que sea de lo que he estado huyendo.
La figura no dijo nada, pero su presencia parecía volverse más ominosa a medida que Fletcher se acercaba. Podía sentir el peso de la historia del pueblo oprimiéndolo, los recuerdos de todo lo que había sucedido aquí inundando su mente.
Pero esta vez, no huiría. Esta vez, enfrentaría la verdad, sin importar cuán terrible fuera.
Mientras se acercaba a la figura, la oscuridad a su alrededor parecía cambiar y distorsionarse, y por un momento, sintió como si estuviera al borde de un vasto y profundo abismo. Pero no flaqueó.
La figura extendió la mano, su tacto frío e insustancial, como un hilo de humo. Y al tocarlo, Fletcher sintió una oleada de entendimiento, un momento de claridad que atravesó la niebla de sus recuerdos.
Recordó ahora. Recordó todo.
El Secreto del Pueblo
El pueblo había sido maldito, no por alguna fuerza externa, sino por sus propios habitantes. Se habían vuelto unos contra otros, impulsados por el miedo y la paranoia, y en su desesperación, habían hecho cosas terribles. Fletcher había sido parte de ello, aunque había tratado de olvidar. Había sido cómplice de la locura que consumió el pueblo, y cuando la oscuridad finalmente descendió, había huido, dejando a los demás atrás para sufrir las consecuencias.
Pero ahora, el pueblo lo había llamado de vuelta, obligándolo a confrontar la verdad. No había escape del pasado, no había manera de huir de las decisiones que había tomado.
Mientras los recuerdos inundaban su mente, Fletcher sintió una profunda sensación de culpa y arrepentimiento apoderarse de él. Había abandonado el pueblo, abandonado a las personas que una vez conoció. Y ahora, parecía que el pueblo exigía que él hiciera las paces.
La figura ante él cambió, su forma volviéndose más definida, y Fletcher se dio cuenta con horror de que no era una entidad sin rostro, sino una persona: alguien que alguna vez conoció. Alguien a quien había dejado atrás.
—Lo siento —susurró, su voz ahogada por la emoción—. Lo siento mucho.
La figura no dijo nada, pero sus ojos reflejaban una tristeza que parecía resonar con la propia de Fletcher. Y en ese momento, entendió que no había manera de deshacer el pasado, no había forma de borrar las decisiones que había tomado. Pero quizás, solo quizás, habría una manera de arreglar las cosas.
Redención
Fletcher se quedó en el corazón del pueblo una vez más, las casas silenciosas y oscuras a su alrededor. El peso del pasado aún pesaba en el aire, pero ahora había algo más también: una sensación de posibilidad, de esperanza.
Había regresado al pueblo, no para escapar, sino para enfrentar la verdad. Y al hacerlo, había encontrado una manera de enmendar las decisiones que había tomado.
El pueblo seguía maldito, todavía atormentado por los recuerdos de lo que había sucedido aquí. Pero ahora, Fletcher sabía que podía hacer una diferencia. Podía ayudar a los demás, a aquellos a quienes había dejado atrás, y quizás, con el tiempo, el pueblo podría ser salvado.
Mientras se quedaba allí, la primera luz del amanecer comenzaba a asomar en el horizonte, proyectando un suave resplandor sobre el pueblo. Y por primera vez en lo que pareció una eternidad, Fletcher sintió una sensación de paz.
Había regresado al pueblo después del anochecer, pero ahora estaba listo para enfrentar la luz.