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Acerca de la historia: La Morrígan es un Myth de ireland ambientado en el Ancient. Este relato Dramatic explora temas de Courage y es adecuado para Adults. Ofrece Moral perspectivas. Un viaje mítico de valentía y destino, guiado por la Reina Fantasma de Irlanda.
Irlanda, una tierra adornada con ondulantes colinas esmeralda y envuelta en niebla, siempre había sido un reino donde el mito y la realidad se entrelazaban. En esta era antigua, los dioses caminaban entre los mortales, su voluntad moldeando las mareas del destino. Entre ellos estaba la Morrighan, una diosa envuelta en los misterios de la vida y la muerte, la soberanía y la batalla. Temida y reverenciada a partes iguales, ella era una fuerza de la naturaleza, una sombra siempre presente en las vidas del pueblo de Ériu.
# Susurros en el Viento
El amanecer rompió inusualmente tarde aquella mañana, el sol escondido tras un espeso velo de nubes. Los agricultores dudaban en su trabajo mientras una sensación de inquietud se asentaba sobre el pueblo de Glenbeag. El aire estaba pesado, como si la tierra misma contuviera la respiración. Todo comenzó con los cuervos: docenas de ellos, siluetas negras que circundaban los campos, sus llamados atravesando la quietud como el tañido de campanas distantes.
Brigid, una aprendiz de sanadora recién pasada de sus diecisiete años, estaba junto al pozo. Su cabello castaño rojizo estaba suelto, su delantal salpicado con las hierbas secas que había estado triturando anteriormente. Sentía la inquietud tan intensamente como cualquier otra persona.
Del yunque del herrero emergió Darragh, un joven de hombros anchos que había sido su compañero de infancia durante mucho tiempo. Sus ojos oscuros estaban abiertos de par en par, llenos de alarma mientras se acercaba a ella.
—Brigid —comenzó—, los has visto, ¿verdad? Los cuervos.
Ella asintió, observando las formas oscuras que revoloteaban arriba.
—No son solo los cuervos —murmuró—. Hay algo más, una sensación. Como una tormenta que se avecina.
Darragh frunció el ceño.
—Dicen que el Alto Rey se está preparando para la guerra. Contra los clanes de Connacht. ¿Podría ser ella?
El estómago de Brigid se revolvió ante el pensamiento. La Morrighan, la Reina Fantasma. Las historias sobre su poder eran tan antiguas como las colinas, entretejidas en el tejido de sus vidas. Se decía que aparecía como una advertencia, su presencia un precursor de caos y derramamiento de sangre.
El viento cambió bruscamente, trayendo consigo el sonido distante del llanto de una mujer. ¿O era el llamado de un cuervo? Los aldeanos se congelaron, sus rostros pálidos como la piedra.
# La Diosa en el Río
Esa noche, Brigid se sintió atraída por el río Bann, una vía fluvial serpenteante que se retorcía por la tierra como un hilo plateado. Era un lugar al que acudía a menudo en busca de consuelo, un refugio de las demandas de su aprendizaje. Pero esta noche, el río parecía diferente. Su superficie brillaba bajo la luz pálida de una luna creciente, y el aire se sentía cargado de algo de otro mundo.
Se arrodilló junto a la orilla del agua, su reflejo ondulándose en la corriente. Y entonces lo vio. Al otro lado del río se erguía una figura envuelta en negro, su cabello fluyendo como el ala de un cuervo. La lanza en su mano brillaba fríamente, y sus ojos ardían con una intensidad que ancló a Brigid en el lugar.
—Hija de Ériu —habló la mujer, su voz tanto melódica como inquietante—. ¿Temes el camino que tienes por delante?
La garganta de Brigid se apretó. Intentó hablar pero se encontró muda ante la presencia de la diosa.
—Te he observado —continuó la Morrighan—. Estás ligada a los hilos del destino. Hay fuego dentro de ti, pero el fuego debe ser forjado para arder con fuerza.
—¿Por qué yo? —logró decir Brigid finalmente, con la voz temblorosa—. No soy una guerrera.
Los labios de la Morrighan se curvaron en una leve sonrisa.
—Guerrera, sanadora, soberana —estos títulos son simples velos—. Eres lo que eliges ser, pero el mundo que conoces exigirá todo de ti. Los vientos de la guerra nos están sobrecogiendo, y el equilibrio de Ériu pende de un hilo.
Con eso, la diosa desapareció, dejando atrás una sola pluma negra que flotó hasta los pies de Brigid.

# La Tormenta que se Acerca
En las semanas siguientes, Brigid no pudo deshacerse de las palabras de la Morrighan. El aire se volvió más pesado con tensión a medida que se difundían las noticias de la marcha del Alto Rey. Los aldeanos huían en masa, sus carros cargados con las pocas posesiones que podían llevar. Los que permanecían se preparaban para lo peor.
Maeve, la sanadora anciana, observaba a Brigid con una mirada comprendida.
—La has visto, ¿verdad? —preguntó una tarde mientras trituraban hierbas junto al fuego.
Brigid dudó.
—¿Cómo lo sabes?
—Yo también la he visto —interrumpió Maeve—. Hace años, cuando tenía tu edad. Ella no visita a la ligera, niña. Si te ha elegido a ti, significa que formas parte de algo mucho más grande que tú misma.
Esa noche, Brigid soñó con fuego y sangre. Vio a la Morrighan de pie en medio de un campo de batalla, su lanza levantada en alto. A su alrededor, los guerreros luchaban y caían, sus gritos mezclándose con el chillido de los cuervos. Brigid despertó sobresaltada, con las manos temblorosas.
Al día siguiente, se acercó a Darragh en la fragua.
—Necesito un arma —le dijo, con voz firme a pesar del miedo en su corazón.
# La Marcha hacia Samhain
Llegó el día de Samhain, una época en la que el velo entre los vivos y los muertos era más delgado. También fue el día en que las fuerzas del Alto Rey llegaron a Glenbeag. Brigid, ahora armada con una lanza forjada por Darragh, se unió a las defensoras del pueblo. Aunque no era una guerrera experimentada, la presencia de la Morrighan parecía guiarla, sus movimientos infalibles mientras comenzaba la batalla.
El enfrentamiento fue brutal. Las espadas chocaban contra los escudos con una fuerza ensordecedora, y los gritos de los heridos llenaban el aire. Brigid se movía como una sombra, su lanza acertando con precisión. Sentía el poder de la Morrighan dentro de ella, una fuerza que la impulsaba más allá de sus límites.
En medio del caos, la Morrighan apareció de nuevo, no como una mujer, sino como un cuervo. Se elevó sobre el campo de batalla, sus llamados entrelazándose con la refriega como una sinfonía profana. Brigid sintió su corazón llenarse de miedo y determinación. Este era su momento.

# La Oferta del Fantasma
La batalla terminó en una victoria dura pero bien luchada, aunque a un terrible costo. Los campos estaban llenos de los caídos, y los sobrevivientes permanecieron en silencio, sus rostros marcados por el dolor. Brigid, ensangrentada y exhausta, se arrodilló. La pluma negra del río permanecía guardada en su cinturón, un talismán del favor de la diosa.
La Morrighan apareció una vez más, su forma cambiando entre la de una mujer y la de un cuervo. Extendió su mano hacia Brigid.
—Has demostrado tu valía —dijo—. Pero la lucha no ha terminado. El equilibrio debe ser restaurado, y el camino por delante exigirá aún más de ti.
Brigid dudó.
—¿Qué más puedo dar? He dado todo.
La mirada de la diosa se suavizó.
—Has dado lo que se requería. Pero el destino no es un solo acto, es un viaje. Toma esto —dijo, colocando otra pluma en la mano de Brigid—. Te guiará cuando llegue el momento.

# El Legado de Ériu
Años después, el nombre de Brigid se convirtió en leyenda. Lideró a su pueblo a través de tiempos de paz y conflicto, su lanza como símbolo de protección y sus manos sanadoras como un bálsamo para los heridos. Las plumas negras de la Morrighan permanecieron siempre con ella, un recordatorio de la guía de la diosa.
En su último Samhain, mientras las nieblas se deslizaban sobre las colinas, Brigid regresó al río Bann. La Morrighan la esperaba, radiante y serena.
—Es el momento —dijo la diosa, su voz un susurro llevado por el viento—. Has recorrido bien tu camino.
Brigid sonrió, lágrimas brillando en sus ojos. Al adentrarse en el abrazo del río, sintió la presencia de la Morrighan envolverla, llevándola al Otro Mundo, donde guerreros y sanadoras por igual encontraban descanso eterno.
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